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jueves, 4 de mayo de 2017

Al son de un bolero





                                                 AL SON DE UN BOLERO


No soporto los  momentos posteriores en los que no está, o parece que no está, tan lejos y distante de mí.  No entiendo cómo puede quedarse dormida de esa manera, a medio gesto. Cuando acabamos, con los ojos cerrados se sube su prenda de seda y se derrumba boca arriba, así, sin más. Por fuera es   tan suave como la ropa que suele rozarla, todo a su alrededor combina con ella: el cobertor de terciopelo, las sábanas satinadas, las cortinas de gasa, tejidos de amable tacto; el tono de su piel tiene la cualidad de simular estar irrigada no por la sangre de sus venas, sino por una materia mucho más sutil, puede que nácar, marfil, o amaneceres rosas. Parece estar hecha de algodón y armiño, y sin embargo, es de acero inoxidable.

¡Vaya por Dios! Vuelvo a ponerme romántico, algo que ella  odia. Tampoco le gusta que me encorve cuando camino, que no me implique en los negocios como debiera, que no gane más dinero, ni tenga éxito social, que no especule, ni medre, ni aumente. A mi mujer le gustan muy pocas cosas de mí, al fin y al cabo solo soy un don nadie de inclinada espalda y gesto huraño, un escritor devaluado en articulista semanal.

          En la cama le gusto menos aún puesto que ya no ejecuto. Llama ejecutar, con cierta ironía cáustica, al hecho fáctico diario de meterle el sexo erecto y follarla hasta que se duerma. Es como si tuviera un clítoris enterrado en la vagina y solo sintiera placer con ella, por ella, con ella. Busca el orgasmo desesperadamente por esa única vía, y luego, se queda dormida en un instante, a veces conmigo todavía dentro. Pero eso era antes, ahora ya no ejecuto.

Es preciosa. Su vientre no se ha deformado por los dos embarazos, las niñas están hechas a su imagen y semejanza: bonitas, insistentes, voluntariosas…, cuando crezcan tendrán un hombre a su lado que sabrán encorvar con un  gesto sumiso similar al mío, con exacta curvatura de espíritu.

       Sí, hubo un tiempo en que la quise, ya no, en absoluto. Cuando  rasco la superficie de su piel, asoma la cabeza del ocupa que vive bajo ella, un ególatra que se regurgita a sí mismo con un ombligo tan enorme como el de su patrona empecinada en hacer las cosas, todas las cosas, a su único e inapelable modo.

         Para el placer siempre el bolero de Ravel, una y otra vez la insistente cantinela que a fuerza de repetición conozco de memoria  el momento exacto y justo en que debo acelerar o contener para que pueda llegar a su cima.

                      A menudo me pregunto si la odio.

¡Miradla! Ahí está dormida, con la derecha  aún sostiene al amante nervado que nunca falla, sustituto eficaz…, me lo ha quitado de la mano con rabia e impaciencia. Lo  tomo con la punta de los dedos, con precaución y asco, como si fuera un monstruo fálico a punto de escupirme,  con cuidado vuelvo a guardarlo dentro de  su estuche, lo escondo en  el tercer cajón de la cómoda envuelto en una suave enagua blanca no sea que las niñas lo descubran. Luego quito el puto bolero de los cojones, y en su lugar, escucho el nocturno de Satie.




16 comentarios:

  1. Hola Tara!! Parece que arrancara como un relato erótico o que se fuera a ir para ese lado y despacio se va transformando en un relato dramático, donde el amor, la frustración, el desprecio y la costumbre se manifiestan juntos y separados, en un combo que al final da mucha tristeza porque aunque tenga sus partes sexuales, el tema que trata, para mí, es justamente no sexual, la insatisfacción humana por fuera de la cama que termina por arruinar también la cama.
    Un abrazo grande.

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    1. Gracias Simón, la última frase de tu comentario resume a la perfección lo que quería transmitir.
      Un gran abrazo y hasta pronto.

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  2. Fantástico relato, Tara. De entrada me ha encantado que hayas intercambiado los roles, evitando el cliché. Normalmente, parece que las reflexiones del personaje masculino las realice la mujer, que al terminar el acto observa como el hombre enseguida se quede dormido, saciado, mientras que ella suspira por algo más romántico.
    Por otro lado el relato utiliza la cama, el sexo, como la última frontera de una relación ya marchita que se ha convertido en las cenizas de un amor consumido.
    Y como siempre, dándole el tono necesario, incluso con ese grito desesperado del último párrafo.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias David, la cosa es que me gustan los retos, huyo de las frases hechas como de la peste (salvo que el personaje sea de frases hechas), y de... como dices de los clichés establecidos.
      De lo que tenía duda era hacer creíble la actitud masculina, por eso utilicé las imprecaciones finales para darle un tono más duro y determinante.
      Un abrazo David, siempre me gustan tus comentarios.

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  3. Me parece a mí que lo que mejor explica la estructura de tu relato es las músicas que has elegido. El Bolero de Ravel marca el tono erótico, cada vez más machacón, como llegando al clima, Satie, el lado romántico, los sentimientos. Y entre uno y otro, la insatisfacción, el cansancio y la frustración que trae la rutina. Una delicia el lenguaje tan rico de las descripciones, Isabel. Vamos, que me ha encantado. Un beso muy grande

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    1. Es que entre Ravel y Satie hay diferencia ¿a qué sí?, lo has sabido ver porque era una sensible lectora, y además te gusta la buena música.
      Ya he visto que has escrito Ana, desde que pueda voy a leerte.
      Un beso Anita.

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  4. Coma a David, también me interesó que el relato estuviera enfocado desde la mirada masculina. Reflejaste con acierto y en pocos trazos una pintura bastante conocida: el desamor que se convierte, poco a poco, en fastidio y en desprecio.
    Él, de un material más maleable, se dejó doblegar por el acero de ella, que ya ni lo necesita para tener sus orgasmos sin un contacto amoroso. Encontró el sustituto que, una vez cumplida su función, se guarda en una cajita. Eso es devastador.
    Muy bien mostrados los sentimientos del protagonista.
    Un abrazote, linda, me gustó mucho mucho.

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    1. A ella, a la mujer, la puse a actuar, solo hemos visto sus gestos. De él, del hombre lo puse a pensar y a sentir, por eso creo que has podido ver y sentir los sentimientos del protagonista.
      Te mando un cariñoso abrazo y te agradezco que saques tiempo para leerme y espero, sobre todo, que te recuperes pronto Mirella.

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  5. Ah...Isabel, solo leerte, eso es lo que hay que hacer, despojarse de realizar cualquier crítica literaria y dejarse llevar por el relato. Ningún tema, ni registro, se resiste cuando sale de tu mano. Fabulosa escritora.
    Un abrazo.
    Ariel

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    1. Querido Ariel, puedes y debes hacerme las críticas que consideres necesaria, eres lo suficientemente inteligente para saber hacerlas desde el cariño de compañero y desde el respeto que todos nos debemos.
      Un abrazo muy grande y mil gracias Ariel.

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  6. ¡Muy bueno! Has transparentado la desdicha, el odio, la resignación y la estima y atracción soterradas que sufre o siente el protagonista en medio de una relación deteriorada. Pobre tipo y qué mujer tan... absorbente. No sé, pero si yo fuera el hombre del texto la sola mención del bolero me dejaba el sexo triste. Es que cómo se le va animar el muñeco con una canción que parece más bien una marcha militar que ha de recordarle lo disciplinado que lo tienen. Jaja, no debe de resultarle muy agradable convivir con el amante de su mujer en la misma habitación. Debe soñar con "ejecutar" todas las noches, sí... pero a ella.
    Imagino sus pesadillas al estilo de una escena de cine negro: la esposa en medio de las sombras gritando "¡ejecuta! ¡ejecuta! ¡ejecuta!", el sexo de él transformado en un arma más que en un instrumento de placer y en una descarga (no precisamente seminal) cumple con la orden recibida dándole muerte a la mujer. Silencio y luego suena de fondo, haciéndole un guiño, el bolero de Ravel.
    ¡Abrazotes, Tara! ;)

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    1. jajjja Fritzy...no se me había ocurrido la posibilidad de ejecutar a la esposa con su propia medicina. Me has hecho reir.
      Y tiene razón, un sexo triste y castrador.
      Me encantan tus comentarios de humor inteligente y comprensivo.
      Abrazo de los grandes desde Canarias a Venezuela.

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  7. Poco queda que añadir pues los compañeros lo han dicho casi todo. Me han llamado la atención los símiles que utilizas, el hombre encorvado como muestra de la sumisión y despersonalización del pobre marido, o la piel de acero de ella (cuando lo leí llegué a pensar si sería literal y estábamos ante un cuento de CF, aunque pronto queda claro su sentido) que habla de su falta de sentimientos y empatía.
    Te pones en el papel masculino para ofrecernos ese otro punto de vista, aunque es curioso que cuando él habla del ocupa que habita en su mujer lo hace también otorgándole ese género, despojándola de toda feminización. Sin embargo si recalca su lado femenino cuando la describe físicamente.
    La escena del bolero de Ravel marcando el paso al acto sexual resulta simpática y como bien ha hecho notar Ana indica el contraste entre el mero placer sexual que busca ella y el lado romántico de él que prefiere el nocturno de Satie.
    Un relato con muchos matices para leer con calma. Un abrazo Isabel.

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    1. Siempre me interesa tu punto de vista, gracias por tu comentario tan detallado.
      No me había fijado en el género del ocupa, lo escribí de manera inconsciente, pero mira, lo dejo así, que la mujer tiene, como dices, un interior duro y masculino (no es que lo masculino sea malo, pero lo es si en vez de sumar, resta esencia femenina)
      Un abrazo Jorge

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  8. Me ha gustado mucho a pesar de lo triste que resulta esta entrada, la verdad. Espero no verme nunca en el pellejo del protagonista de este relato, porque creo que no lo soportaría durante mucho tiempo :(

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    1. Es que esa situación castrante Holden no hay hombre (ni mujer) que la aguante, al menos a largo plazo.

      Ahora voy a leerte compañero.

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