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martes, 25 de julio de 2017

Deja que suceda el tango


     


                      Deja que suceda el tango



     He recibido acuse de recibo de un paquete postal desde la ciudad autónoma de Buenos Aires. La única funcionaria de la Oficina de Correos atiende con parsimonia y calma. Hay que esperar, no queda otra. Me entretengo tarareando la cumparsita que venía escuchando en la radio del coche, seguro no me la quito de la cabeza en todo el día. Desde el fondo de la oficina vuela un murmullo contrapunto de mi sintonía mental, parece un disco de vinilo rayado por donde la aguja vuelve y va, y va y vuelve sobre el mismo surco, seguro que es una impresora atascada. 
     Suena el móvil, es mi mujer para recordarme que tengo que hacer algo, como soy escritor trabajo sin horario fijo, algo que ella traduce como que estoy disponible para todo.
     —¡Hola cariño! —contesto —tranquila... no me olvidaré de pasar por... ni de ir a... sí, sí... yo tambiéntequierohastaluegonena. 
   Somos siete en la fila. Mi vecina de cola es una anciana algo desconfiada, agarra con sus dos manos el bolso sobre su pecho y avanza un paso, se para justo debajo de la claraboya del techo que la llena de luz como un milagro, parece que la nieve cae sobre ella, pero no, sólo son motas de polvo que bailan un tango sobre su blanca cabeza. 
     —¿Usted no escucha como una musiquita señora?
     —¿Eh? Yo no escucho nada hijo, que estoy sorda —la vieja sujeta su bolso con fuerza.
     —¿Pero no oye un bandoneón, una guitarra, un violín, un batir de alas? 
     —¿Está usted loco?, déjeme tranquila o llamo a un guardia.
     ¡Joder! El municipal se acerca a mi coche, las ruedas traseras están rozando la raya amarilla del prohibido rozar rayas amarillas. Salgo un momento a mover el auto 15 centímetros y el agente saca su libreta de apuntar centímetros. Con el lápiz en alto hace un amague, luego para el gesto y mira hacia la Oficina Postal desde donde la funcionaria le saluda con la mano a través de la puerta de cristal, entonces el apuntador se gira, olvida lo que estaba haciendo, da media vuelta y entra a dar los  buenos días a Malena. Sin ninguna duda su carita de ángel consigue que hasta el mismísimo cielo se ocupe de mi multa. 
     Ya son las nueve y cuarto y avanzamos otro puesto. Sin despegar los pies del piso dibujamos un ocho, luego flexionamos las rodillas levemente y las estiramos dando un paso hacia delante mirando la nuca del vecino con firmeza. 
     — ¡Hola Malena! —saluda el cartero de turno que le trae un café con leche y ella se lo toma sin prisas porque quema mucho. Sus labios de Eolo y la mueca sopladora es tan bonita que dan ganas de darle una mordida, y aunque son las nueve y media ya casi que no importa 
     Suena de nuevo  el móvil, otra vez  mi insistente mujer. No contesto. Vuelvo a incorporarme a mi lugar y a las diez menos veinte por fin estoy delante de Malena.
     —Rellene aquí, y aquí, y aquí.
     Su dedo da tres golpecitos que se suman al ritmo de su almacén y al sonido del fondo.
     —¿Perdón señorita?, ¿es un tango lo que se escucha?
     Sonríe y dice que sí, una cumparsita, dice con deje  canario  algo mezclado de acento porteño.
     Por fin me da el paquete enviado por la Editorial Autores de Argentina. No puedo evitar desenvolverlo con impaciencia. “El sonido de la tristeza y otros cuentos” reza el título del escritor argentino Raúl Ariel Victoriano.
     Salgo de la oficina a la misma vez que la anciana. Su sombra se refleja en la pared junto a la mía e imagino que bailo con la chica de correos. Le marco el ocho atrás con dedo y antebrazo, el otro medio ocho se lo indico con la presión de la izquierda sobre su derecha. Los pies no deben despegarse del suelo, se rozan y acarician, y Malena, por fin, deja que suceda el tango.










27 comentarios:

  1. He hecho un arreglo de un cuento que tenía para rendirle un pequeño homenaje a nuestro compañero escritor Ariel

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  2. Isabel, eres un encanto ¡cómo me gustó lo que escribiste! No sabés todo lo que sentí al leerlo. Cuando estaba llegando a la mitad del relato, recién ahí, vi la imagen que está debajo y el corazón se me aceleró. Al principio solo seguía la historia pero a partir de ahí ya no fue lo mismo: se me hizo un nudo en la garganta. Le puse la música ¡y peor! ¡o mejor! Te juro que se me humedecieron los ojos. Me parecía que bailaba con la chica de correos, porque tenía la sensación de que era yo el protagonista, y que era yo el que estaba como suspendido en el aire escuchando el tango, me veía soñando con ella, y escuchaba que me endulzaba con su acento canario. Y era yo, Isabel, ese que iba por el envío del correo, el que cuenta la historia, y me pusiste el acento tan adecuado que me pareció que estaba buscando mi libro en una oficina de Buenos Aires. Me siento tremendamente emocionado por este regalo del cielo que has hecho. Nunca he recibido un presente tan hermoso, algo que me haya tocado tanto el corazón. Estoy escribiendo y todavía siento que algo tiembla adentro mío. Te mando un beso de los grandes, lleno de afecto, tengo ganas de darte un abrazo, Isabel.

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    1. Ya tengo en mis manos tu magnífico libro Ariel, tal como lo atestigua la foto a pie del relato.

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  3. Pues hale! ¡Venga ese abrazo compañero!
    Un placer haberte dado esta pequeña alegría, te lo mereces sobradamente Ariel, por tu manera de escribir, de expresar sentimientos, y sobre todo por tu generosidad con nosotros, tus compañeros de blog.
    y ahora...¡a disfrutar de tu libro!

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  4. ¡Qué regalo más precioso para Ariel! Y bien merecido por cierto, es un escritor excelente y un compañero valioso.
    Tu relato tiene partes muy poéticas, me gustó el tono tanguero y nostálgico que usaste.
    Besos, Tara.

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    1. A lo mejor es un atrevimiento por mi parte usar los pasos de ese tango que tan bien dominan ustedes los argentinos, pero lo he hecho desde el afecto y el respeto.
      Besos Mirella.
      Puedes llamarme, si quieres, Isabel.

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    2. ¡Encantada, Isabel!
      Un beso grande.

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  5. Tara, amiga, qué buen relato!! La verdad, me enganché de principio a fin. Es muy poético, además de muy cotidiano y la imaginación se despliega y vuela (o baila).
    Un abrazo grande!!

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    1. Gracias Simón, me alegra que te gustara. Un abrazo grande. Isabel.

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  6. Un fantástico relato de presentación del primer niño literario de Raúl Ariel, que seguro habrá disfrutado de lo lindo para disfrute de los lectores. Eres una grandísima compañera de letras, Isabel. Un fuerte abrazo y aprovecho para despedirme hasta septiembre deseándote un verano lleno de musas literarias.

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    1. Este relato es un recicle de otro que tenía escrito, le he puesto algunos giros argentinos (sobre todo lo del baile) y he aprovechado para "promocionar" el libro de nuestro compañero Ariel que se lo merece sobradamente.
      He terminado de escribir una novela hace unos meses trabajito me costó (algunos compañeros han leído los capítulos y me han dado su opinión), ahora la tengo en concurso, a ver que pasa. Mientras tanto arreglo viejos cuentos y hago ejercicios, por ej: de un relato determinado pasarlo a diferentes registros, te aseguro que da unos resultados sorprendentes.
      Un abrazo fuerte David y que pases un estupendo mes de vacaciones compañero. Hasta septiembre.

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  7. He pasado un buen rato leyendo tu relato. Esa tensión que conocemos todos los que esperamos la describes tan bien que nos la haces sentir como si fuera nuestra. No se puede elegir un tango más polémico y hermoso que La Cumparsita ni un nombre de mujer más sugerente que Malena. En nuestra cabeza llega a sonar el "Si supieras..."

    un abrazo.

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    1. Muchas gracias Francisco. He estado curioseando por tu blog y veo que eres un excelente poeta (una de mis mil asignaturas pendientes) En un rato te añado para tener más cómodo leerte y aunque no se comentar poemas disfruto de ellos.
      Hasta pronto compañero y gracias de nuevo.

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  8. No conozco tu poesía, Tara, pero viendo cómo escribes en prosa te diría que hay algo poético en ella, la sensibilidad para escribir poesía la tienes. No te había relacionado antes, me alegro de que seas tú quien rescataras ese poema.

    Un abrazo.

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    1. No había leído tu comentario hasta ahora Francisco. Gracias de nuevo, te devuelvo el abrazo.

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  9. Quise eliminar uno y he eliminado dos.Bueno gran relato,y una alegría para un amigo.Gran imaginación la tuya.Saludos.

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    1. No te preocupes Betty, ya te los eliminé yo.
      Gracias Betty, por tu fidelidad a mis cuentos.

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  10. me ha gustado encontrarte Tu blog es diferentemente bueno

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  11. Cómo me ha gustado la imagen de la luz de la claraboya cayendo como si fuera nieve sobre la anciana. Un milagro, eso es tu forma de escribir, con esa pizca de humor y de ternura con la que aderezas tus historias. Por cierto, comparto los gustos literarios de tu protagonista.
    Un besazo

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    1. ¡Ay Ana!, pues compartimos las dos el mismo gusto jeje
      Un beso querida Ana. Gracias.

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  12. Mi querida locabajo, me alegra mucho reencontrarme contigo, y sobre todo con tu M-A-R-A-V-I-L-L-O-S-A capacidad para narrar con la más absoluta naturalidad. Escribes como si estuvieras cantando, sin estridencias, fluida y alegre, mágica y entrañable.
    Tiene este tango la belleza de las historias pequeñas, de lo mundano elevado a algo más. Eliges muy bien tener a un narrador espectador, que luego al juntarlo con Malena, entra a formar parte de ese baile, en el que el también aporta melodía, pero es Malena (¡Oh Malena!) la que completa su fantasía, la que convierte la oficina en una sala de baile, en el que el polvo esta vez sí es nieve, o confeti o qué se yo, y la anciana ya no agarra el bolso, si no que mueve los pies y se deja llevar. Has convertido una fila insoportable en un musical en mi cabeza, sólo tocando las teclas necesarias, haciendo de lo pequeño algo grande. Sólo tú (bueno sólo no, pero especialmente) tienes la asombrosa facilidad para jugar con el día a día y darle el brillo donde otros vemos la mugre.
    Había olvidado lo genial que eres, además de como persona, como escritora. Siento tantísimo haberme desconectado hasta tal punto de perderme el final de tu novela. Ahora, no te quepa duda, cuando se publique, que lo hará, la leeré, ahora sí, como se merece. Al igual que el libro del amigo Ariel, otro de los fijos a los que pienso volver.

    Un gran abrazo compañera. Gracias por alegrarme la noche.

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    1. ¡Madre mía Alejandro! Me subes la autoestima hasta un punto que rozo la estratosfera, mira...estoy volando ¿me ves?

      Qué bien que te sientas parte integrante de la melodía, en definitiva, que sientas y vivas la historia.

      Pues siempre llevo una libretita y boli en el bolso, además de un libro, sobre todo en los lugares que hay que esperar, y el aburrimiento lo combato observando, ni te imaginas la de historias que hay en el pequeño mundo cotidiano, ahí, delante mismo de tus ojos, expuestas y dispuestas para que alguien las cuente.
      Muchas gracias por todas tus palabras joyas, palabras preciosas, sobre todo porque sé que las sientes a corazón abierto compañero.
      ¿Ya te he dicho que estoy muy contenta de que hayas vuelto Alejandro? ¿si? ¿no? ¿si?
      Ojalá te conozcan y lean los nuevos compañeros y participen de tu poderosa imaginación y buen hacer.
      Hasta pronto colega.

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  13. Qué relato más bien escrito Isabel, es un texto que fluye solo, no cuesta leerlo, que toca la imaginación de quien lo disfruta. Excelentes descripciones, pero sobre toda la de Malena a quién has sabido ver perfectamente a través de los ojos de un hombre. Buen homenaje a las letras y el buen hacer de nuestro compañero Ariel quien seguro que ha disfrutado de él como ninguno de nosotros. Abrazos.

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    1. Muchísimas gracias Jorge, siempre me interesa tu opinión. Ariel está tan contento que me ha dedicado una historia y yo encantada, claro.
      Un abrazo fuerte Jorge.

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  14. Me parece un detallazo dedicar este relato a un amigo escritor. Qué suerte que a uno lo expliquen con la precisión que siempre sabes utilizar tan bien a la hora de retratar lugares y personas.
    Que el tango siga sucediendo, querida Tara.
    Un abrazo.

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  15. Ariel se lo merece todo.
    Mil gracias Sofía, eres un solete.

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