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viernes, 11 de agosto de 2017

II El Inglés (Piratas y corsarios)










                                                                       EL INGLÉS




     El Capitán General fortifica la villa, no deja resquicio sin defender, ordena levantar torres, fortalecer los muros y a todos emplea: a ingenieros y canteros, quienes proyectan, reglan y miden. Incluso utiliza a la soldadesca como albañiles para la tarea ingente de mezclar argamasa con cal, arena y agua; triturar piedras; cargar y transportar. 
     Todo bulle en el Real de Las Palmas. Algo del barullo penetra el interior de la casa del escribano, ni siquiera las cortinas de grueso terciopelo mitigan del todo el ruido de la creciente capital. El dueño de la casa juega una partida de ajedrez con el capitán Rodrigo, el mejor oponente con el que se ha enfrentado hasta el momento. Ambos despliegan estrategias en silencio con el vino de malvasía del monte aromado a su alcance. Rodrigo cuelga los ojos del gesto de Eleonor cuando vierte el licor en las copas y con la mano izquierda sujeta los encajes de la manga. Blanco enredado de blanco.
     El escribano dificulta la partida con un giro imprevisto, pero es cauto y recuerda que el capitán fue alumno de un inteligente italiano de baja estatura apodado Il Puttino, aquel que venció un sacerdote español para su escarnio y vergüenza. 
     Rodrigo apoya el mentón en la mano y reflexiona. Sobre la mesa caminos diversos, diez pensamientos anudados se tropiezan, reina el desorden por un momento, luego todo se aclara. Imagina el paisaje en diagonal, futura incursión del alfil, alternativa cauta o atrevida según sitúe el oponente la pieza de marfil que corresponda. Protege al Rey enrocado de torre en su encierro regio y sacrifica a la dama, despojo olvidado en un lado del tablero.
     El perfume del cabello de Eleonor al servirle el vino es tan intenso que todo huye. Sueña que enreda las largas guedejas oscuras en su garganta y le exige que tire de ellas y que lo asfixie, no quiere morir de otro modo, imagina una línea roja en el cuello, la huella de un dulce ahogo. Se entretiene en la quimera imposible y pierde una pieza.
     El ejército se desmorona, polvo y sangre, desconcierto, la infantería y los carros de combate siembran derrotas entre las blancas
     —¡No estáis en lo que estáis, capitán! ¡Jaque! —increpa el escribano a la vez que le hace un gesto a su esposa para que salga de la estancia.
    Escapa el ángel y vuela. Va a la cocina a disponer las viandas. 
     El capitán se defiende
     —¡Mate!
     ¡Maldita sea! Rodrigo enamorado pierde.
     Esa noche el capitán dormirá con una ramera con los cabellos tan largos  como los de  su amada. Por despecho, por soledad, por desahogo, para olvidarla si es que puede.
    Al día siguiente, seis de octubre del año del Señor de mil quinientos noventa y cinco, amanece con bruma en Gran Canaria. Veintiocho naos navegan envueltas en trazos de niebla, parecen fantasmas que asoman y ocultan sus pálidas velas. 
     Los cañones del fortín de la isleta dan aviso. Rodrigo empuja a la mujer que duerme a su lado y busca la camisa y el jubón, no encuentra una de sus botas, las armas sí, siempre a su vera. La puta, sorda al bullicio de la calle, exige más dineros por su noche, aún apesta a ron. El capitán  la asoma sujeta de greñas al balcón y se espantan los dos de ver cuajado el mar de naves. Sostiene el valor apretando la empuñadura de la espada hasta volver los nudillos tan blancos como las telas que infla y desinfla el conjuro del alisio.
     Cada esquina o vuelta, cada loma, cercado, risco o arenal, finca o platanera, cada casa, o cueva, cabaña o hacienda, cada puerta, escupe hombres raudos hacia la costa. 
     Tarda el escribano en salir de su casa, besa a Eleonor que tiembla bajo el chal que apenas cubre su cuerpo. 
     —Cuidaros mi señor —ruega la esposa, piensa en Rodrigo y si acaso muriera en la batalla, y entonces siente... no sabe Eleonor lo que siente.
     Atempera el paso ¡Qué se apuren los soldados... qué corran los otros, qué los otros defiendan!, a él solo le corresponde transcribir lo que acontece sin arriesgar su vida, rubricar incidencias de lindes de fincas, querellas, atestados, testimoniar a los que llegan y a los que se marchan, validar con su firma la constancia del suceso, incluida la invasión de los piratas. 
     Se forman de inmediato cuatro compañías, una de ellas al mando del capitán Rodrigo; se sumarán más tarde las de Telde y Agüimes. Una sección es destinada al torreón de San pedro Mártir y otra otea el despliegue naval desde el ala sur de las murallas que cerca la ciudad coronada por el castillete de Casa Mata. Ya dispuesto el equipo de fuego y maniobra en el de La luz, los nueve potentes cañones de la fortaleza y otros de menor calibre, pedreros y culebrinas desmontados de barcos ya inservibles, a los de retrocarga le quitan con media rosca el culote y lo montan de nuevo y en las fraguas calientan balas al rojo vivo, pretenden incendiar las naves del corsario Inglés nombrado Sir por su Reina. 
     Francis Drake despliega su escuadra formando un amplio abanico en la bahía.
     El humo denso de las brasas ondula el aire, ora tiembla el foso, ora el puente levadizo baila. 

28 comentarios:

  1. Siempre me dejas admirada por tu talento para dominar cualquier género que se te ponga por delante. Con este me has dejado con ganas de seguir leyendo. Estos personajes darían para una novia de piratas y aventuras que dejaría chico a Arturo Pérez Reverte.
    Un beso muy grande, Isabel

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  2. Ya sé Ana que no tiene nada que ver, pero estas historias de piratas nació de mi afición al comic, especialmente a las tiras del navegante y viajero Corto Maltés del gran dibujante Hugo Pratt, y además, nacida en Gran Canaria y trabajando frente a la bahía donde el corsario Francis Drake hizo su tentativa de invasión, y cuatro años más tarde otro pirata holandés Pieter Van der Does... era inevitable escribir, aunque sea un poco, sobre ello.
    Gracias querida Ana, el grumete volverá a asomar en el Cap. III y fin. Besos...(estoy con tu limonero)

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    1. Nada nada Capitana, ya me asomé por acá
      el Grumete

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    2. Hola hola grumete.
      Tu Capitana.
      :)

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  3. Tengo una duda gramatical... (una jodida duda jeje), a ver si alguien me la puede resolver. En la frase:
    "ni siquiera las cortinas de grueso terciopelo mitiga del todo el ruido de la creciente capital"

    ¿Mitiga debería ir en singular o en plural?

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    1. Mitigan, porque te estás refiriendo a las cortinas.

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    2. Muchas gracias Mirella, voy a corregirlo enseguida.

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  4. Me encanta ésta narración, Capitana. Viví en Puerto Escondido estado de Oaxaca, exactamente en la playa de Zicatela. Comparto parte de su historia:
    La zona que ocupa actualmente Puerto Escondido no fue habitada por los grupos indígenas en la época prehispánica ni por españoles durante la colonia. Sin embargo, la bahía del puerto era conocida en un principio como la "Bahía de la Mujer Oculta", y más tarde como la "Bahía de la Escondida".
    Cuenta la leyenda que el pirata Andrew Drake, SUPUESTO HERMANO DE FRANCIS DRAKE (1543-1596), ancló su barco en la bahía cuando el área estaba deshabitada por completo, para descansar durante unos días sin ser molestados por las autoridades virreinales.
    Algunas semanas antes, él y su tripulación secuestraron a una joven mixteca de la aldea de lo que ahora es Huatulco y se la llevaron con ellos a estas playas. Sin embargo, la mujer logró escapar de la cabina en la que se encontraba atrapada y saltó por la borda para llegar a la orilla, donde más tarde se escondería en la selva, muy lejos de la playa. Los piratas intentaron encontrarla, pero no lo lograron. Con el tiempo comenzaron a referirse a la mujer como "La Escondida". Andrew y su tripulación regresaron muchas veces a buscarla y nunca la hallaron; a ello se debe, se dice, que la bahía fue bautizada como la de "La Escondida".

    Paquete sigas leyendo: https://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_Escondido_(Oaxaca)
    el Grumete

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    1. Siempre son interesantes tus reseñas querido Lobo, y es curioso, en general, el nombre de algunos lugares, casi siempre detrás del nombre suele haber alguna historia.
      Dentro de un rato añado tu blog para no perderme las actualizaciones, y de paso para que lo conozcan mis compañeros, pues desde luego eres original (además de disléxico perdido) jeje

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  5. ¡Me encantó, Isabel! Muy bien narrado y con unas descripciones geniales. Estaré esperando la continuación.
    Besos, guapa.

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    1. Muchas gracias Mirella, a ver si saco tiempo para el III

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  6. Ahora sí me vas a poner a caminar la plancha: fíjate que la música de la video, comienza hasta el 2:45... me llamó la atención por nombrar a Morrigaan, (lo tengo escrito como Mórrígan, diosa de la Guerra y por lo tanto de la Muerte, mi hada Ángela) Precisamente estoy acabando un blog sobre ella...
    el Grumete

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    1. ¿Casualidades o causalidades?
      Me alegra que te hayas fijado en la canción, a mi me pareció adecuada, hay como ruidos de golpes y creo que casan con el relato.
      Un beso grumete, cuidate mucho, te lo ordena tu Capitana.

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    2. Mira que soy distraído: ni modo, a caminar la plancha que los tiburcios nadan hambrientos. Y ya acabé de acabar lo de Mórrigán, cuando tengas tiempecito dáte una vuelta.
      el Grumete

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    3. Desde que pueda, ando un poco liada estos días.
      Me gusta leerte, leeros, con calma, no os mereceis las prisas.

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  7. Así que Rodrigo está prendado de la esposa del escribano y ésta secretamente lo está del capitán. Aprovechas una historia de corsarios para colarnos en medio un episodio de amores no correspondidos, como quien no quiere la cosa. Y ambas historias corren paralelas sin que se estorben, perfectamente encajadas, mérito de la autora sin duda. Coincido con Ana en que el relato tiene un aire a lo Pérez Reverte, adornada de términos marineros y militares que le dan un encaje histórico perfecto y con referencias a las fortalezas de la ciudad; en los aspectos de documentación, sobre todo en lo que se refiere a tu tierra canaria, ya no nos sorprendes pues sabemos de meticulosidad en estos temas. A ver como termina este intento de invasión con patente de corso y título nobiliario de por medio. Y a ver quien se queda con Eleonor, si el escribano o, como la mujer suspira, su idealizado capitán. Un abrazo Isabel.

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    1. Pues sí, al parece Rodrigo se ha enamoriscado, a ver que pasa...
      El intento de invasión ya lo marcó la historia, quisieron, pero no pudieron. Cuatro años más tarde los intentaron piratas holandeses y esos sí que, durante cuatro meses, invadieron la Gran Canaria hasta que los echaron.
      Un abrazo Jorge, con el III ya termino la serie de piratas.

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  8. Hola Tara!! Buenísima la ficción histórica, amiga, con tantos datos y tantos condimentos como en las novelas antiguas de Alejandro Dumas y sin que falte un toque poético, un romanticismo "como de paso", que le queda tan bien a este tipo de historias.
    Te sigo, amiga!!

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    1. ¡Qué bueno que te gustó Simón! Gracias.

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  9. Espléndido, Isabel, me has dejado embelesado con la música de la narración, porque lo leo y parece que las frases estuviesen cantadas por alguien y hubiese una melodía de fondo del relato, porque en mi primera lectura no he colocado el video. También puede ser que ayuden la sonoridad de las palabras marineras, me remiten a un lenguaje de época, quizás se deba a los recuerdos que guardo de los libros antiguos.
    Has nacido para escribir, Isabel, tu imaginación es prodigiosa, cada texto tuyo cautiva, has pasado del grumete a poner en escena una escena romántica con el capitán, tienes una gracia envidiable para contar, ¡quién pudiera!
    Y, además, utilizas el escenario histórico de esa jornada tan cara a los habitantes de Gran Canaria.
    Te ha quedado muy adecuado el video, lo he escuchado hasta el final en la segunda lectura.
    Y ahora queda seguir esperando. Trato de cerrar los ojos y guardar en la memoria lo leído hasta el capítulo siguiente de este magnífico cuento.
    Un afectuoso abrazo.
    Ariel

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    1. Eres tremendamente generoso Ariel con todos tus compañeros, siempre destacas cualidades positivas.
      Gracias mi amigo, hasta pronto.

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  10. Jean Loup, pásame un enlace con tu blog, no se en cual de ellos tienes el escrito de Morrigan que no lo encuentro, que ya sabes lo torpe que soy para estos menesteres.
    Tu Capitana.

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  11. ¡Vaya, vaya, resulta que también se nos da bien hablar de piratas! Me encanta cómo has resuelto las símiles y metáforas desplegadas a lo largo del texto, la trama tan bien hilada sobre el triángulo amoroso entre el escribano, Eleonor y el capitán, el juego de ajedrez y el ataque corsario, con ese final (o corte) inconcluso en el que se desconoce cuál de los bandos gana y uno se pregunta si es que al inglés le está fallando la visión o es que acaso están fallando las fortalezas en la costa a favor del enemigo. Aunque, luego de leer el final de la serie, me quedó claro que Rodrigo enamorado y despechado perderá en el juego y en el amor, pero no en la guerra; al menos le hace honores a su oficio.

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  12. Que mirada tan aguda tienes Fritzy y que bien sabes leer los símiles y paralelismos de estrategias desplegadas en el trablero del ajedrez, del amor y de la vida.
    Un gustazo tenerte por compañera, que lo sepas.

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  13. MARAVILLA!! Cuando tenga un rato ante el ordenador, te comento. Te adelanto que me he puesto verde de envidia 😉

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  14. jjajja ya será menos...lo de la envidia digo!
    Tranqui Alejandro, tómate tu tiempo.

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  15. Bueno, ya estoy aquí. Intentaré no ser muy sesudo, porque este segundo pasaje no merece un aburrido análisis, es tal su ritmo (como controlas eso, mejor que muchos consagrados) que hay que intentar casar con él. Ahí voy, a intentarlo.

    Te diré que este pasaje se siente aún más canción que el primero. Tiene, sobre todo al inicio, unos compases muy marcados, nunca alargados, casi parece que los preparativos se hacen a un ritmo de timbal, tan de la mitología pirata, y que te dan ese ritmo que te digo que tanto envidio, pues todo se lee a vuela-ojo (o como se diga) y sin darse uno cuenta se ve envuelto en la vorágine del día. Sé que es sólo un párrafo, pero me ha capturado con una facilidad abrumadora.
    Luego te metes en la casa del escribano y haces una cosa preciosa que es presentar a los personajes mediante las decisiones del tablero, pero lejos de hacerlo de manera esquemática o fría, lo dibujas de manera que se me ha asemejado a un baile, con ese Rodrigo que trata de estar sobrio, pero se embriaga de Eleonor. Qué bien nos cuentas el juego de seducción entre la mujer y el capitán, que casi parece otra partida de ajedrez, un tira y afloja de deseo, una puerta a la humanidad en un entorno podrido por la lucha.
    La última parte vuelve del baile al timbal, de nuevo suenan tambores de guerra, aunque esta vez hay un violín nostálgico que se cuela; en la amargura de Rodrigo, en la duda de Eleanor. Y enfrente, un gigante. Ni más ni menos que Sir Francis Drake, un fantasma venido del mar, una amenaza más para ese futuro que ya está cubierto de neblina. Eleanor y Rodrigo ni siquiera han sido conscientes de lo fugaz de su pasión, no han sabido que las grandes historias están llenas de perdedores.
    Por que no conocían la leyenda de Isabel Caballero, la loba de siete mares que escribe grandes historias en unas pocas líneas.
    Y nosotros, tus grumetes, nos quitamos los sombreros al verte escribir. Chapeau!

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    1. Lo primero: gracias, gracias de corazón Alejandro y me voy a poner un poco o un mucho cursi ahora. Tus comentarios son para mí como caricias del alma, conseguiste que se me saltaran las lágrimas, yo no le voy a pedir a los Reyes Magos un Alejandro Gallardo porque ya me siento más que regalada con sus pedazos de comentarios tan personales, tan de verdad.
      Sobre lo que me dices de los párrafos de compases muy marcados (¡olé tu sentido musical!), tenía miedo de haber abusado un poco o un mucho de ellos, pretendía imprimir velocidad en las escenas de acción (las obras deconstrucción, la batalla del tablero de ajedrez, los preparativos para el combate…), en las escenas del juego de seducción entre Eleonor y el capitán (baile como lo llamas) intenté alargar algunas frases y darle un ritmo menos sincopado.
      Sigo en el III

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