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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Matilde



                           

                             Matilde




     Al atardecer, los dos holgazanes descansaban en la azotea. Daba gusto contemplarlos durmiendo con placidez sobre la hamaca. El pelo ondulado de Matilde confundido con la melena rubia del afgano. Antes de que ella abriera los ojos su perro gruñó. No debe ser fácil compartir a su dueña conmigo.
     Matilde y yo estamos en esa difusa frontera inicial entre la amistad y el a lo mejor. Los dos sabemos que este incierta nebulosa no durará mucho, le damos largas al asunto porque nos encanta dilatar portales. También azoteas. 
   —Tienes un calcetín verde y otro marrón. Anda, descálzate y túmbate un ratito aquí, a mi lado, quiero leerte algo que he escrito —murmuró con voz soñolienta sin cambiar de postura. No se me ocurre otro sitio del universo donde estar mejor que junto a Matilde. Nervioso, tropecé con una maceta volcando su contenido. 
     Siempre me he liado con la gama de colores. Dicen que a los perros les pasa lo mismo, aunque al de ella le da igual destrozar mis prendas sean del color que sean. Su escala de valores pasa por la trufa de su nariz, no por sus pupilas. Me guarda un poco de inquina y un mucho de celos, seguro que no entiende que lo destrone de la hamaca con un “fuera fuera”, por eso mastica uno de mis calcetines con el pie todavía dentro y no se digna ni siquiera a mirarme, sacude su larga melena, luego se queda contemplando el horizonte del muro de la azotea. 
     Un perro orgulloso. 
     Ahora le ha dado por la poesía asonante, al afgano no, a Matilde, y no tengo valentía para decirle que lo disonante es su pésima pluma, ¿cómo puedo decirle, sin herirla, que son un verdadero atentado los versos que me lee con voz engolada?: ”trastabilleando en el sendero índigo mientras las estrellas titilan en el cielo nocturno...”
     —Si hay estrellas seguro que es de noche, no hace falta que incidas en..., mira Matilde, prueba a escribirlo de manera menos ampulosa, por ejemplo: tropezó con la maceta de dalias.
     —Pero no tenemos dalias.
     Hice todo lo posible para que el comunal “no tenemos dalias” no me desbocara el corazón de alegría, claro que enseguida pensé que quizá se refería al chucho y a ella. En fin, no quiero hacerme demasiadas ilusiones, aunque estoy loco por compartir dalias, estrellas nocturnas y senderos índigos con ella.
     Voy a besarla ahora —pensé, pero no moví ni un sólo músculo. El perro dejó de mirar el vacuo horizonte para observar mis pensamientos. Movió la cabeza hacia un lado, luego hacia otro, levantó una de sus orejas y seguro que sacó la conclusión de que soy un pobre infeliz que balbucea. Un imbécil enamorado.
     Matilde huele a gloria bendita. Su ligerísimo olor a sudor me vuelve loco, no soporto las mujeres perfumadas. Mi excitación es tan evidente que sonríe y recita parte de la sátira de una nariz señalando con la barbilla  mi entrepierna: 


     Érase un elefante boca arriba 
     Un espolón de una galera 
     Una pirámide de Egipto 
     Un narícísimo infinito 


     Nos amamos con ganas hasta que el sol se fue de la azotea. Nos amamos con cierta crudeza y  con cierta torpeza también.  El afgano, encerrado dentro de la casa, no dejó de ladrar ni un solo momento. 



18 comentarios:

  1. ¡Qué buen relato, Isabel! Me encanta todo el tono irónico y enamorado del personaje masculino que por supuesto se "tragará" todas las estrellas, nenúfares y reflejos de los mares calmos de invierno plateado que su Matilde le ponga por delante...
    ...Claro, al menos los primeros años que luego todo sale, je, je, je. Un relato para leer con una sonrisa en los labios. Un fuerte abrazo!

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    1. Todo tiene fecha de caducidad, hasta el amorrrr.
      Pues me encanta que te encante David, muchas gracias compañero.

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  2. Me gusta mucho el modo que manejás la ironía en casi todos tus relatos.
    Menos mal que se produjo el encuentro y la "tensión" volvió a la normalidad.
    Un texto muy fresco, simpático y adhiero a lo que dice David que uno lo lee con una sonrisa.
    Besos, querida Isabel.

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    1. Qué bien que te haya sacado una sonrisa Mirella.
      Besos Guapa.

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  3. Me gustó mucho el relato, Isabel. Muy natural, casi cándido y lleno de poesía, ternura y buen humor.
    Terminé sonriendo, pensando en el afgano (algunos son muy agresivos cuando consideran que son los dueños de sus dueños) que no paró de ladrar.
    Un abrazo grande!!

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    1. La naturalidad es uno de los registros que tú o vos, Simón, manejas como nadie. Procuro serlo siempre que puedo, aunque hay relatos que por la temática no lo permite, por eje: la serie de piratas que me salieron un poco caducos, como de otro siglo jeje
      Un abrazo muy fuerte compañero.

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  4. Me encanta cómo tus personajes son capaces de reírse de sí mismos. Son inteligentes, como la escritora que los creó. Y me encanta también la sensualidad que transmiten las palabras: "Al atardecer, los dos holgazanes descansaban en la azotea. Daba gusto contemplarlos durmiendo con placidez sobre la hamaca. El pelo ondulado de Matilde confundido con la melena rubia del afgano".
    Un beso, Isabel

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    1. Pues mucha gracias por lo de inteligente Anita...te cuento algo, cuando era chica tenía complejo de feucha, flacucha y demás uchas... de mis hermanas decían que eran bonitas, de mi que era una niña inteligente ¡Lo que hubiera dado en aquel entonces en ser menos lista y más guapa! bueno...con el tiempo lo compensé algo jeje
      Que me alegra mucho que disfrutaras del relato.
      Un beso Ana.

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  5. Si uno prolonga de más ese estado de casinovios puede dar a entender que no desea algo más. Aunque luego se extraña, ese ser y no ser, cuando las mariposas baten sus alas a todo lo que da.
    Me gustó muchísimo, sobretodo por el triángulo amoroso, jaja. He vivido eso.
    Un placer leerte Tara.
    Abrazos

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    1. Un gusto que me leas Gildardo. Gracias. Cuidado con los tríos...que te pueden dar un mordisco en una de estas jeje

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  6. Te ha salido un texto delicioso, lleno de naturalidad y con ese punto burlón o irónico que consigue sacar una sonrisa, la que he tenido durante todo el relato, pensando en esos principios amorosos en lo que todo (o casi todo) se encuentra bien y relativiza. Mientras avanzaba en la lectura pensaba que ese trio no iba a acabar del todo bien para alguno, espero que el afgano le perdone.

    Un abrazo

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    1. He querido darle un tono ligero a este relato corto, espero no haberme pasado con la ligereza jeje
      Muchísimas gracias Conxita, me alegra tu sonrisa.
      Un beso compañera.

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  7. Leo y releo. No dejo de pensar en la estructura del texto, en cómo lo has hecho. Ella tan holgazana, ausente de perfumes, tonta en el “cielo nocturno”, con “pésima pluma”, leyendo con voz engolada. Él tan entendido de rimas, tan tonto de colores, de espíritu tan delicado ante la disonancia. Sin embargo, los dos tan terrenales, él con su erección inocultable y ella recitando la sátira con una sonrisa ante el descubrimiento. Los dos amantes torpes, arrojados al acto elemental, como es debido. Y el tercero, el afgano que lee pensamientos, un observador de privilegio. Isabel, es un placer, para mí, disfrutar de la lectura y detenerme en los detalles del relato.
    Ariel

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    1. No tiene comparación, por supuesto, con el "pedazo" de historia seria, angustiosa, profunda que nos has regalado Ariel. Así que no estudies mucho la estructura porque no hay nada que estudiar (sonrío mucho)
      Eso sí, me he valido del afgano para leer los pensamientos del enamorado.
      Hasta pronto Ariel.

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  8. Ayyy, Tara, me ha encantado este relato.
    Al principio pensé en que todo estaba impregnado de mucha inocencia, de esa torpeza juvenil de los primeros amores (y los primeros "sexos", por llamarlo así). Después me sorprendí por esa pícara poesía y ese final de alaridos y ladridos.
    Estupendo, como de costumbre.
    Un besote y feliz fin de semana.

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  9. ¡Qué bien Sofía!
    Gracias. Me gusta que me leas.
    Un beso y que pases un estupendo domingo.

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  10. Y yo que pensé al principio que el afgano era eso, ¡un afgano! y me recordó a ese otro relato tuyo de aquel morito que iba saltando por los tejados. Pero bueno pronto queda claro que te refieres a otra clase de afgano (celebro haberme dado cuenta antes de la escena final, de lo contrario hubiera sido bastante chocante).
    Bromas aparte, destaco de este relato la idea que nos traes de la imperfección como chispa que prende el amor, o la pasión, o ambas cosas en los dos protagonistas. Tanto ella como él están llenos de defectos pero el amor es eso precisamente, aceptar la imperfección y los defectos del otro y a pesar de ello, quererlo. Ojalá pudiéramos entender que es lo que hace que nos guste otra persona, pero eso es un misterio insondable. A mi modo de ver el relato gira en torno a esta idea y a través de una escena cotidiana se va creando una espiral que acaba con los dos jóvenes amándose en la azotea ante la mirada del afgano voyeur, el perro afgano para ser exactos.
    Un relato muy bien escrito por cierto. Abrazos Isabel.

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  11. jjajajaja Jorge, me ha dao la risa pensando en el afgano, y al releer el principio en modo afgano me ha hecho mucha gracias :)

    Hablando del amor, yo creo que en parte inventamos o reinventamos a la persona amada dotándola de perfecciones y minimizando las faltas, es lo que tiene el dichoso amor, es lo que tu dices...un misterio insondable.
    Busco el cuento del morito saltador de azoteas "gato de azotea azul" y lo subo, aparte de Ana Madrigal, Alejandro Gallardo y tú, nadie más lo conoce.
    Muchas gracias Jorge por tus palabras, y un abrazo grande.

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