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miércoles, 5 de abril de 2017

Alejandrinos




Alejandrinos


Hoy he sido noticia en un periódico local. Tenía la vana esperanza de que publicaran mis versos a pesar de que el jefe de prensa, compañero de colegio desde la más tierna infancia, y ganador de casi todos los concursos anuales de redacción de la variada temática “A mi madre” o, “A la primavera”, me avisara de la poca tirada de los poemas por muy rimados que fueran. Es incomprensible que se apueste tan poco por la literatura, el imbécil cree ser todo un experto en la materia por su nombramiento rimbombante en un periodicucho de poca monta.

      —Paciencia amigo mío, he hablado con el director y dice que sí, en los próximos dominicales incluirán tus excelentes Alejandrinos.

         —¿En el dominical?, ¿pero dónde coño van a insertarlo?, ¿entre una receta de cocina y el horóscopo?

         —Es una oportunidad para darte a conocer. Se editaran por capítulos.

         —¿Pero qué dices?, a ver… ¿cuándo has visto tú unos poemas en serie?

         —Tranquilo hombre, lo importante es que nos lean ¿o no?

      El comunal “nos" me cabreó mucho, como si el puñetero hubiese escrito los versos a medias conmigo.

      De vuelta a casa mi mujer me dice que me calme, que no es para tanto. Me enfado con ella, me enfado también con mi hijo adolescente al que ni fu ni fa la noticia de mi pronta publicación, ajeno a ella, pegada su nariz  al móvil a pesar de que intento inculcarle un poco de lectura :“Más Platón y menos Wasap” es mi lema... pero nada, que no hay manera, el chico a lo suyo.

Tanto enfado me suelta la tripa y voy al baño. Allí sentado, como siempre, me inspiro. Al principio con cierta dificultad, sin embargo, poco a poco surgen nuevos versos con sus dos hemistiquios de siete sílabas acentuados como deben acentuarse, a la manera clásica, sin sinalefas… y fluye como deben fluir los Alejandrinos, con suavidad. Satisfecho doy la última chupada al cigarrillo, levanto un poco las nalgas y  arrojo la colilla encendida al wáter.

      Una tremenda explosión me saca de mi nirvana poético, y un dolor intenso, una quemazón, un alarido, dos alaridos, el mío y el de mi mujer golpeando la puerta del baño.

            Vino una ambulancia a casa, sobre la camilla en decúbito prono, con las nalgas al aire y los testículos quemados, sigo aullando. Los camilleros preguntan como sucedió el accidente. Mi mujer explica, con su incapacidad para la síntesis, que intentó matar a una cucaracha, que la arrojó al váter, y que como la pobre seguía  boca arriba agitando sus pequeñas patitas al aire, le echó un spray insecticida, y que aunque ya sabía que los aerosoles van fatal para la capa de ozono, son mano de santo para las cucarachas, y eso, que después cerró la tapa del inodoro  para no ver como agonizaba el animalito, que aunque le daba asco ella es muy sensible, y que luego su marido llegó, se puso a lo que se puso, y en fin, pasó lo que pasó. Todo esto se lo iba contando mi mujer a los enfermeros mientras ellos intentaban bajar la camilla por la estrecha escalera desde el cuarto  izquierda, el ascensor era demasiado pequeño  para que cupiéramos, y tal ataque de risa le entró a uno de los subnormales que se le volteó la camilla conmigo dentro haciéndome caer de cabeza por el hueco de las escaleras, y heme aquí ahora siendo noticia en el necrológico del dominical.

          No se si a todos los difuntos les ocurre lo mismo, no me refiero a fenecer de esta manera tan ridícula,  sino el poder sentir, pensar y ver como si uno estuviera aún vivo. Vi, oí y sentí como la gente murmuraba, algún curioso preguntó    de qué modo  había  sucedido  el trágico deceso, y la estúpida de mi mujer  relata  el  accidente con pelos y señales, incluso levanta el sudario a la altura de las ingles para mostrar la desgraciada evidencia:—¿Ven…ven como ha quedado el pobrecillo?

         —Te acompaño en el sentimiento, cuenta conmigo para todo lo que necesites.

Con mucho sentimiento le da a mi viuda el pésame reglamentario, también le mira las piernas con disimulo. Como jefe de prensa del periódico que regenta ha publicado mi esquela a toda página en la sección necrológica, todo un detalle,  y un mal poema de su autoría en el que advierte del vaivén del destino humano.