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jueves, 8 de febrero de 2018

Esperanza






        Esperanza


     Me gusta navegar. Esta vez zarpo solo y sin cañas preparadas para pescar en el “Esperanza del Mar”, un rimbombante título para una pequeña embarcación de 5,99 m. de eslora y 2,14 de manga. Enfilo el sur de madrugada con el ronroneo del fueraborda a mi espalda. En la oficina del muelle deportivo no he dado razón de mi salida, por fortuna el guarda muelles roncaba como un bendito. No miro hacia atrás, ya contemplaré dentro de un rato el amanecer con mi único ojo de cíclope. 
     Mientras navego, recuerdo la conversación de la noche anterior con mi mujer mientras me enseñaba unas sábanas encarnadas.
     —Por lo visto  están de moda los colores vivos, ¿a qué son bonitas?
     —Muy bonitas, cariño —respondí solícito. 
    A mí no me puede engañar, es descorazonador ver la ropa de cama, día sí, día también, manchadas de escarlata porque otra vena ha reventado, se ha abierto de nuevo la herida que supura, o la almohada mojada de las babas de mi boca casi sin mandíbula. Ella siempre intenta vivir como si no pasara nada, es un capitán negándose a abandonar su maltrecho buque. 
   Enfilo el Sur. Amanece. Debajo del sombrero y de las gafas escondo lo que me queda del rostro. Llevo unas cervecitas frescas "pal camino". A 12 millas de la costa sitúo la embarcación sobre las rocas que indica la sonda, me tiro al mar y agujereo el fondo de fibra de vidrio, lo hago de manera irregular con una piedra picuda que tiro al fondo para que el seguro no crea qué está todo amañado. Un rato antes eché por la borda la nevera no fuera que me sintiera tentado a agarrarme a ella... y el chaleco, las bengalas, la radio portátil y hasta la bocina anti nieblas. 
   La embarcación empieza a escorar, apuro la cerveza y doy golpecitos con la palma de la mano izquierda  sobre las amuras de estribor   al compás de una vieja canción que tarareo: pan-pan, pan-pan, pan-pan...,  nunca he tenido sentido del ritmo. Me doy cuenta de que,  de manera inconsciente, he palmeado la llamada de tres repeticiones que se utiliza para indicar que hay una emergencia a bordo. Ya la embarcación está casi vertical y me aferro a ella, tengo un poco más de tiempo y aún me queda una lata de cerveza.
   ¡Jodida suerte la mía! La barca debe haberse atorado a la roca y levantada la parte agujereada, ni se hunde, ni se mueve. 
   Casi enseguida escucho el sonido sordo de un motor antes de ver asomar por el horizonte un barco que se acerca a toda velocidad. Es la patrullera de Salvamento Marítimo, su color naranja refulge y brilla bajo el sol incipiente. Auxilian y remolcan mi maltrecha barca hasta el muelle más cercano. ¡En fin!, otra vez será.

     Estamos a punto de salir para el aeropuerto, iremos al Instituto de Oncología de Navarra, por lo visto un referente en Europa. Como siempre, me dejo convencer, cualquiera le dice que no a mi mujer, tan segura e inamovible cuando emprende una nueva cruzada, parece un ángel de flamígera espada. Antes de salir leo el correo que acaba de llegar: un aviso urgente del Juzgado Marítimo y otro de Capitanía Marítima, me reclaman gastos por auxilio y remolque, más una cuantiosa multa por navegar en estado de embriaguez y a más millas de las que corresponden,  por carecer del título P.N.B. (Patrón de navegación Básica), por no tener en vigor el certificado de Navegabilidad, y además, por caducidad del seguro de responsabilidad civil obligatorio para embarcaciones de recreo, de acuerdo todo ello al Real Decreto 607/99 B.O.E. Nº 103 de 01-07-99
   —¿Por qué sonríes? —pregunta mi  mujer. Es la única persona en todo mi universo que sabe distinguir, en lo que resta de mi cara, una sonrisa de una mueca.









35 comentarios:

  1. Magnífico relato, como siempre. Has descrito de forma magistral la desesperación de un hombre al que parece que la suerte le ha dado la espalda. Ni siquiera puede hacer realidad su último deseo en ese barco llamado "Esperanza del Mar". Es conmovedor el esfuerzo de la mujer por ocultar los estragos de la enfermedad. Me ha gustado mucho, querida Isabel.
    Un beso muy grande

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    1. El verdadero "Esperanza del Mar" es un buque hospital propiedad del ISM Instituto Social de la Marina. Que me gusta hacer "guiños".
      Gracias querida Ana, muchos besos y abrígate.

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  2. ¡Qué historia más ocurrente! Casi se podría calificar de tragicomedia. Un suicidio abortado por un percance inesperado, el intento frustrado de acabar con la propia vida, la vaga esperanza de una posible cura, el amor y apoyo de su mujer, contrasta con la serenidad despreocupada del suicida y con esa ironía absurda final de una burocracia administrativa ajena a cualquier drama humano.
    Tus letras siempre me producen un efecto placentero. Escribes de maravilla.
    Un abrazo.

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    1. Pues ya ves Josep Mª, yo acabo de leer el tuyo del hombre más poderoso de la tierra y del universo entero. Al tuyo nadie le va a echar de menos.
      Yo creo que sí, que este cuento no tan cuento es una tragicomedia, como casi todo en la vida ¿no?
      Un fuerte abrazo y mil gracias compañero.

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  3. Tocas un tema cada vez más de actualidad, como es la posibilidad de poner fin a la propia vida a voluntad cuando el final se acerca y cada día no es más que la prolongación del sufrimiento. En este caso el protagonista decide ir a morir al mar, y pocos lugares mejores se me ocurren para morir. No le salió bien la jugada y vive lo suficiente como para asistir a la última broma del destino disfrazada de burocracia. Esa última frase en la que sólo la mujer es capaz de reconocer su sonrisa, refleja con crudeza la injusta decrepitud con que a veces nos atormenta la vida. Abrazos Isabel.

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    1. Siempre espero tus comentarios con muchas ganas Jorge.
      Pues la burrocracia es lo que tiene, que no siempre nos agiliza los trámites de la vida, a este pobre le jugó una pasada.
      Un abrazo de los gigantes querido Jorge. Hasta pronto.

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  4. Hola Isabel, jodidamente original, pero como y que de forma se te ocurre contar esta trágica historia. Mil detalles, mil podría destacar: comenzaría por las sábanas y terminaría por toda esa cantidad de multas y todo, porque quieres decidir morir cuando te viene en gana, ni eso pueden dejarte hacer. Bueno compañera me he aliado a tu personaje, tal vez porque conozco de cerca la enfermedad, por desgracia, y he vivido esas ganas que ha tenido la persona por irse, yo era como tu protagonista femenina, arrastraba de la vida de otra persona cuando no te das cuenta que ella quiere hundirse definitivamente. Al final ¿quién debe decidrilo? Un abrazo

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    1. Gracias corazón,y hablando de corazones, ya leí tu "corazón", ya sabes que me gusta comentar despacito, que nadie nos merecemos un vuela ojos.
      Sobre la tragedia..., a mi me parece dificilísimo hacer o escribir de tragedias, el punto de ironía lo utilizo como modulador, aunque procuro que no se me vaya la mano y salga un dramón. En fin, ya sabes Emerencia que no hay un recetario exacto para escribir, ¿qué te voy a contar a ti, compañera, que escribes de la manera que escribes?

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  5. La vida puede ser tremendamente cruel,... y además se suele expresar con una brutal ironía. Buen fin de semana!

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  6. Pues sí ;(
    Gracias Norte, buen finde para ti también.

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  7. Utilizas muy bien ese fino humor irónico para mostrar las miserias del pobre hombre y hacer burla de la insensibilidad de aquellos que solo aplican lo que tocan o como lo llamas burrocracia. Me has hecho pensar en esos accidentes en los que se acaba pidiendo responsabilidades a las familias o incluso al propio herido y eso no solo por parte de la administración sino también otras personas y es que la vida a veces no es justa y los humanos somos crueles.
    Un beso

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  8. Es que es así Conxita, y te cuento. Suponte que tienes una embarcación y se queda sin combustible, llamas por la radio y salvamento marítimo avisa a la patrullera que te remolca hasta el muelle más cercano tal como conté en mi relato. Ese expte. se llama asistencia marítima, la lleva el Juzgado Marítimo Permanente, que a su vez está conectado con Capitanía Marítima, a donde pertenece Salvamento Marit. y ambos al Ministerio de Fomento. El Juzgado solicita información registral en el Reg Buques de Cap. Marítim. (propiedad, cargas o gravámenes, etc...) y envían una carta al propietario o la entidad propietaria, reclámandole gastos. Hasta para el rescate de un cadáver hay este procedimiento.Tal cual.
    El aparato administrativo es frío y contundente, ya ves, para desgracia del hombre de mi cuento.
    Muchas gracias Conxita, un beso compañera.

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  9. Un relato interesante y estremecedor, al principio, lo de interesante sigue hasta el final :)))), que denota tu habilidad, marinera entre otras, para hacer vivir al personaje de manera magistral. Hay detalles en el mismo que así lo confirman.

    Abrazo Isabel.

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    1. Lo de la habilidad marinera es solo teórica :), que me mareo hasta en un pantalán.
      Gracias Ernesto, un abrazo.

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  10. El deterioro del cuerpo aproxima al personaje a esa orilla previsible, a esa desconocida circunstancia. Algunos se entregan a la evolución de la sustancia de la que estamos hechos y otros deciden una solución anticipada por mano propia, como es el caso. Y ella, que tan poco asoma en el relato, no puede hacer ni lo uno ni lo otro, intenta vivir como si no pasara nada, es la mitad que falta en la tragedia que aguarda. Una historia narrada con cuidado para que lastime lo menos posible, oculta en la trama del intento fallido y los vericuetos de la burocracia marítima.
    Siempre es grato leer tus relatos, aún los que tocan un tema central de la literatura y de la vida. Un abrazo, Isabel.
    Ariel

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    1. Seguramente, querido y admirado Ariel, tú habrías hecho otro tratamiento diferente a una situación terminal. Seguramente habrías enfrentado el dolor de frente (hablo literariamente), sin disfraces. Eres un experto en este sentido, otros somos mucho más cobardes y, como el carnaval, disfrazamos la tragedia poniéndole una máscara (prosopón decían los griegos).
      A mi me da mucha vergüenza la exposición abierta del dolor, supongo que alguna vez superaré este complejo estúpido. Tú estás en otro nivel mi amigo, te lo digo en serio.
      Un abrazo gigante Ariel.

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  11. La vida tiene siempre ese lado irónico, incluso cuando queremos deshacernos de ella. Y si puede ser con burocracia y multas, mejor que mejor.
    No sé si es que vives o viviste parte de tus días en la costa, Tara, pero tienes una maestría para narrar historias de, sobre y en la mar, que lo dejan a uno maravillado.
    Es una maravilla arribar a este puerto que tienes como blog :)
    Un besote.

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    1. Contestando al amigo Ariel, veo que entra tu comentario Sofía.
      Vivo a pie de playa, el mar ha formado casi siempre parte de mi vida. El mar y la arena. Canarias y el Sahara, y creo que se nota un poquito en mi modo de escribir.
      Un beso Sofía, me encanta que vengas a leerme.

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  12. Hola Isabel
    Me gusta la dicotomía que muestran muchos de tus relatos, cuando enfrentas a dos personajes o su concepto de la vida. Una balanza que se equilibra por el contrapeso de ambos, como la vida misma. Aquí, tenemos la resignación, el abandono de él contra la inextinguible esperanza de ella. Y en medio, o mejor, cargando las tintas, la siempre presente ironía, aquello que nos hace comprender, o al menos aceptar, un mundo absurdo (al menos desde el punto de vista de nuestro ombligo) Esa ironía que te permite poner las cosas sobre la mesa, pero... sin "ofender a nadie", ja ja. Me han gustado algunos detalles, como lo de agarrarse a la nevera, tal vez por flotabilidad o por estar llena de cervecitas... O el detalle de amañar el suicidio para que al menos su mujer cobre el seguro y en cambio acabar sin suicidio y más pobre que cuando zarpó. Me gustan este tipo de relatos. Y me gusta como los escribes. Y por cierto, marinera, menudo alarde de conocimientos sobre navegación... Eso no se saca de internet...
    Un fuerte abrazo Isabel

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  13. Pues no Isidoro ;) ni de internet ni de la infumable wiki wiki. Experiencia de vida, o mejor experiencia laboral.
    Lo que dices de los "contrapuntos" es algo que suelo utilizar, me permite exponer diversos planos humanos sobre una situación, la verdad es que suele funcionar.
    Sobre la nevera, en serio,¡ anda que no han salvado neveras a naufragados!
    A mi lo que me gusta es que vengas a leerme Isidoro, y hablando de leer, ya tengo guardado tu Mala Fama 5 "Love Story" que, salvo el título, no me ha dado tiempo aún de echarle un ojo, ni dos. Ya te diré.
    Un fuerte abrazo de los nuestros.

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    1. Cuando quieras/puedas maja, no hay prisa. Pero... Eh... El título no es exactamente ese, ja ja

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    2. Me quedo con el abrazo y te lo devuelvo pa la proxima

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  14. Esto me recuerda cuando en la Seguridad Social empezaron a enviar a casa las facturas del coste que tendríamos que pagar por nuestro tratamiento en un hospital público, o sea, que si por desgracia tenías que operarte y estar ingresado más de una semana la cifra era de proporciones astronómicas... pero claro, no hay que "pagarla" porque ya la vamos pagamos entre todos en cómodos plazos que nos descuentan del salario... algo así deberían hacer cuando hay que "rescatar" a alguien, porque el pobre hombre no quería ser rescatado, precisamente, pero creo yo que tiene derecho a que se le rescate sin que se le pase una factura a la que por regla general resulta imposible de hacer frente (que bastante tiene uno con llegar a fin de mes, y no hablo de temas de salud). Indignación provocan este tipo de situaciones, Isabel, porque dan ganas de estamparles la embarcación en los dientes al simpático que se le ocurrió escribir semejante decreto en el BOE. ¿Burocracia? No, mala leche, diría yo, mejor...
    Como ves, me encienden este tipo de cuestiones, porque por desgracia suele recaer en los menos favorecidos de la sociedad, o por la fortuna, como es el caso de este matrimonio. Un maravilloso relato cuajado de cotidianidad nos regalas, con tus trucos de recurrir a lo que de sobras conoces ––dándonos lecciones de navegación incluso–– como con esas sábanas que algunos también nos vimos obligados a incorporar en nuestra vida diaria (púrpuras las escogí yo), o esos gestos entre dos seres que se conocen al dedillo tras tantos años de convivencia. Qué más te voy a decir que tú no sepas, corazón ;) Un beso :)

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    1. Ya te digo Eva. A los 3 meses de fallecer mi padre mi madre recibió un aviso de la Seg. Soc. para hacerse una endoscopia que se había solicitado ¡menuda gracia!
      Besosssssssssss

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  15. ¡Hola, Tara! Ojos y olfato de escritora es lo que demuestras una vez más. Siendo estremecedor el intento de suicidio del marido, lo que me ha emocionado de verdad es la actitud de la mujer que, para mí, es el hallazgo de la historia. Cuánto amor y dolor hay tras sus actos, ese no dar importancia, ese ocultar la dolorosa realidad en una postura de inocencia, como ese detalle de las sábanas. Detalle que sobredimensiona el relato. Un abrazo!!!

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    1. Muchas gracias David. La mujer tironeando hacia la vida, y el otro pobre para el otro lado.
      Un abrazo David, mañana nos vemos en la Gran Gala de Tintero de Oro, a ver si me quito la escafandra ya y me pongo los tacones.

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  16. Qué irónica la vida, a quien no quiere vivir le da más días; o será cosa de la suerte que, aún contra su voluntad, lo evade de la muerte. Al menos le queda su humor resignado para sortear las desgracias y la compañía incondicional de su mujer, quien cuidado y no comparte el nombre de la embarcación. Por algo no se hundió... Después de todo la esperanza nos mantiene a flote ¿o no?
    ¡Saludos y abrazotes, Tara! ;)

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    1. O sí Fritzy. La esperanza de que las cosas nos vayan mejor es un salvavidas en muchas ocasiones.
      Muchas gracias amiga. Nos vemos en "Volver y Continuar", que acabo de darme cuenta que has escrito.

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  17. Hola Tara, te visito por primera vez y me ha impactado tu relato. Es verdad que somos libres para dejar la vida, pero a veces las circunstancias vienen a decirnos que no es el momento, aunque el sufrimiento sea difícil de soportar. Saludos.

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  18. Qué tal Mara. Te agradezco tu lectura. Saludos compañera.

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  19. Excelente relato, amiga Tara, el que nos has traído a modo de regalo que ya te agradezco. Escrito con mucha clase, tiene el ritmo adecuado para que no queramos dejar de leer hasta ese final que nos tienes reservado, tan elegante. Te felicito.
    Un abrazo.

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  20. Muchas gracias Patxi, me gusta que te guste mi modo de escribir :)
    Un fuerte abrazo y hasta pronto.

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  21. Que maravilla de relato, Tara,
    Me ha impresionado su originalidad, donde has mezclado situaciones trágicas y cómicas.
    Un suicidio que por circunstancias del destino no se llegó a realizar. Me gusto la valentía de la esposa, también la complicidad de pareja para luchar contra la adversidad.
    Saludo!

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  22. Muchísimas gracias Yessy. Un cariñoso saludo. Hasta pronto compañera.

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