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jueves, 3 de mayo de 2018

El baúl de doña Gloria




                         El baúl de doña Gloria



     Le cantábamos con retintín aquello de “Valentín con el maletín con la pata coja no me pilla a mí”, total porque el muchachillo tenía un tic nervioso que le hacía caminar renqueando a veces sí, a veces no, según le diera. Su hermana pequeña, como Valentín, virtuosa del piano, aunque torpe para lo cotidiano; la niña se pegaba unos taponazos tremendos con los dichosos patines en los que se empecinaba en subirse una y otra vez hasta que se rompió los dientes delanteros, amén de las gafas, y seguía empeñada en...

    Lo cierto es que a todos nos parecía una familia algo extraña. El padre era anticuario además de colaborador como articulista de notas de sociedad en un periódico de tirada semanal.

     Como todas las noches, a través de las persianas semientornadas, se adivinaban  todos los azules de todas las teles de todas las casas desde donde todas las familias veían sus respectivos canales; todos salvo en la casa del anticuario, por lo visto les gustaba escuchar música clásica, sin imágenes. Aquel sábado noche los vecinos a una pegamos un respingo en el tresillo familiar al escuchar el bombazo del coche del articulista - anticuario, un Citroen negro con el motor detrás. Salimos dispuestos a apagar el incendio y terminamos celebrando el salvamento con una fiesta improvisada a base de pasar la bota de vino de mano en mano. Poco después escribió el anticuario aquella novelucha en la que contaba la salvación del automóvil de forma esperpéntica, una parodia burda y cruel del barrio. Los vecinos dejaron de hablarle y empezaron a llamarle “el tío raro ése” haciendo extensiva la rareza a sus atípicos hijos. Sin embargo, todos sentíamos cierta simpatía por su amable, sencilla y generosa esposa.


     Doña Gloria era diferente a todos ellos, un milagro de armonía en el barrio.¡Era mágica! Tenía el mismo color ambarino  de ojos que el halcón disecado de la sala expuesto sobre un pedestal de mármol, o puede que de yeso imitando en su terminación una rama seca sobre la que se posaba, hierático,  el pajarraco.


     Me dejaban tomar clases de piano con sus hijos y unos cuantos chiquillos más por un módico precio compartido. Mientras esperaba mi turno de piano solía curiosear los tesoros de la sala, y a veces, doña Gloria me pedía la opinión sobre alguna antigualla adquirida por su marido en alguna subasta sin tener en cuenta que yo solo era una niña sin conocimientos artísticos. 

     Doña Gloria ladeó la cabeza con un ojo cerrado y otro abierto, del mismo color indefinido que el del halcón, observando  el cuadro. Yo, imitándola, hice lo mismo.


     —¿Qué?, ¿qué te parece?


     No entendía cómo podía interesarle mi opinión pues siempre respondía a todo con un “muy bonito”, fuera un amorcillo de porcelana con un ligero descantillado o un “secretaire” de rincones ocultos. Claro que en alguna ocasión me arriesgaba un poco.


     —Muy bonito doña Gloria, pero un poco oscuro ¿no?


     Evaluaba mi certera crítica coincidiendo conmigo en  que la luz de la izquierda incidía oblicuamente sobre el retrato del insigne militar laureado dándole una pátina añeja algo opaca. Por supuesto, Gloria sabía respetar la opinión de una niña seria, un poco tímida y experta en arte.


     Al fondo los niños desafinados a punto de fa sostenido, a veces sueltos, se le escapaban a la maestra de piano. Yo prefería quedarme en la sala abarrotada de muebles y cachivaches, todos los estilos mezclados a punto de asfixia; una “chaise longue” de raído tapizado de satén combinaba con el bronce del marco de un espejo algo más que oxidado. Gloria observaba lo que yo miraba con curiosidad, y entonces, para compensar tanta decadencia me mostró unas telas de cortinas casi nuevas.


    —Serían maravilloso  si tuviéramos ventanales lo suficientemente amplios de donde colgarlas y lucirlas —murmuró mientras acariciaba el terciopelo de color oro viejo de las telas extendidas sobre un sofá desvencijado.


     —Preciosas, muy preciosas.


     —Ven, tócalas, ya verás que suaves son.


     Con su mano blanca de uñas nacaradas, puso a contrapelo la tela para que apreciara las dos tonalidades  en un sentido o en el otro. A mí me parecía  como si el oro se encendiera y apagara de repente.


     Entonces, soltando las cortinas, abrió el baúl, tan grande que podría caber dentro.


     —Coge algo, lo que quieras.


     —¿Lo que quieeera...?, ¿en serio?

     El halcón disecado parecía mirarme con sus ojos de cristal.

     Un baúl lleno de cosas, todo tan bonito que eso no se hace, obligarme a elegir, esto sí, o esto no... un enano muy gracioso a ritmo de cuerda y ratatam de su tambor de hojalata, claro que yo ya no era una niña pequeña... mejor la peineta de carey, o el bolso de lentejuelas. Elegí un pequeño libro  de portada de nácar con cierre plateado.

     El halcón cerró sus párpados  y batió las alas, o eso creí por un momento.

     Por la noche, ya en la cama, lo abrí. Resultó ser un misal. En su primera página en blanco y negro dos parejas bailaban con un demonio, y bajo ellos, un letrero envuelto en las llamas del infierno, advertía:¡Joven, diviértete de otra manera!

   Ojalá hubiese pillado la pluma de avestruz, el abanico de varillas de marfil, el cuento de hadas, o el pañuelo blanco de seda de la China China China.


                                     Tara - Isabel Caballero










36 comentarios:

  1. El relato de "El viejo desván" de Ana Palacios, me hizo recordar un viejo cuento que tenía escrito sobre un baúl.
    Por aquí lo dejo, no me lo revuelvan mucho (el baúl digo, que luego pasa lo que pasa) :)

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  2. Jajaja. He visto letreros de esos o similares.
    Entiendo a la niña perfectamente, yo cuando subía al desván de mi abuela y me dejaba abrir algún baúl era un no saber que coger: una caracola de mar, unos anteojos que acercaban muchísimo las fotos que ponías sobre él, cuadros, Uf! de todo un poco. Para mí era una fiesta.
    En mi relato quería evidenciar la soledad de muchos ancianos (la sección de muñecas) que se ven obligados a estar en residencias contra su voluntad y el maltrato de los animales (los peluches) pero no lo he conseguido. Otra vez será.
    Me ha gustado mucho tu cuento.
    Por cierto, al "peinarlo" en el párrafo que dice:"Evaluaba mi certera crítica...", te has dejado un cabello suelto (la que). Espero que no te moleste esta apreciación.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Me alegra nuestra coincidencia Ana. Sobre la corrección, te lo agradezco, todos deberíamos encajar con deportividad las críticas siempre que sean asertivas, si en un blog todos los comentarios son edulcorados ¿cómo vamos a aprender si solo buscáramos halagos?
      Pues eso Ana, que me alegra que e haya gustado y nos vemos (leemos) pronto.
      Un abrazo de los fuertes compañera de baúl.

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  3. A veces oyes o lees algo y te vienen cosas y palabras a la cabeza. Yo tengo algo de parentesco con la del baul de la Piquer. Un abrazo.

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    1. Pues ya somos multitud jajajaja
      Gracias Mari Carmen.

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  4. Ja, ja, ja... Si es que siempre pasa que cuando tienes mucho a elegir siempre te quedas con lo más insípido, en este caso ese misal de apropiadas costumbres para señoritas.
    Una familia desde luego peculiar y que sin duda da que hablar en ese barrio.
    Según cuentas es un relato antiguo y la verdad es que he disfrutado viendo como en él aparecen ya tus rasgos característicos: personalidad y visualidad. Un fuerte abrazo, querida Isabel.

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    1. Es verdad David, una elección es más complicada cuando hay de todo y en cantidad ¡odio los buffet!
      Antiguo antiguo... como que tampoco, pon unos 10 o 12 años, creo.
      Un abrazo querido mago de ilusiones y letras.

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  5. La escena de la niña ante el baúl repleto de las cosas más insólitas y bonitas se lleva, a mi humilde entender, todas las palmas de este relato. En los ojos y en la mente se adivina la curiosidad que la embarga, la imaginación que colocará en cada uno de esos objetos extraños, y la interpretación que le dará a cada uno de ellos su fertilidad de pensamiento, con lo cual, seguramente, pensará para cada uno de ellos una historia que no tendrá que ver con la utilidad o el motivo para el cual cada una de esas reliquias ha sido concebida. Ella le dará las suyas. Hermoso cuento. Isabel, está muy bien que lo hayas rescatado para solaz de todos nosotros.

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    1. Yo también me imagino así a la niña, expectante, observando con interés y curiosidad el contenido del baúl, seguro que mira la vida de la misma manera, salvo cuando las cosas de la vida la aburre. Dale un incentivo a una persona imaginativa, más aún si es un niño, y seguro que entra al trapo.
      Espero leer hoy tu relato de una isla, despacito, con calma, como me gusta leer.
      Gracias amigo Ariel.

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  6. Pues yo te expreso mi rabia porque la historia termine tan pronto. Me hubiera quedado leyendo la historia de esta familia horas y horas. Los personajes están tan bien construidos que me he quedado con ganas de saber más sobre ellos. Estoy segura que en ese baúl hay muchas sorpresas que la niña acabaría de descubrir. Muy buen relato, Isabel. Un regalo tan ilusionante como un abanico con varillas de marfil. Un beso y enhorabuena

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    1. No te enfades Anita ;) bueeeno, sí, enfádate porque aún no he ido a comentar tu espectacular Old Tijjko... una marca de coche que desconocía. Como le dije a nuestro común amigo Ariel, prefiero posponer un escrito, un buen escrito, a comentarlo a lo loco y por cumplir. Te mereces que te lea desde la calma.
      Gracias Ana, termino con Tintero y voy a por ti ¡ñamm!

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  7. Ya me estaba yendo para otro lado con aquello del padre y los hijos raritos. Pobre niña, habiendo tantas cosas y llevarse el misal. Supongo que así es la vida no Isabel, parece que siempre nos quedamos con lo que no debíamos, jajaja.
    Muy bueno como siempre.
    Abrazos.

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    1. Gracias Gildardo.
      Te tengo abandonao... desde que termine de leer los aportes del tintero paso a ver que has escrito compañero.

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  8. Muy bonito cuento, Isabel. Cuánta magia y expectativa esconden siempre los baúles...

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    1. Muchas gracias Marta. Acabo de terminar de leer tu particular primavera. Me sacaste una sonrisa compañera.

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  9. Un librito de nácar con cierre plateado solo podía ser un libro de oraciones, como el que llevaba yo en la mano el día de mi primera comunión, jeje. Este final "apoteósico" me ha recordado mi infancia y algún que otro libro de rezos de mi abuela, donde aparecían escenas terroríficas de demonios, infiernos y ánimas en pena.
    Espléndido relato que me ha hecho sonreír una y otra vez ante tu original forma de mostrar y relatar unas escenas aparentemente normales y cotidianas.
    Un abrazo.

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    1. Si es que lo envuelven bonito (el misal), los de adultos eran negros.
      Me alegra de que te gustara Josep Mª, un abrazo.

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  10. El vídeo musical está muy bien, pero igual hubiera quedado más propio el "baúl de los recuerdos" de Karina. En este caso, la niña no estuvo muy afortunada en su elección: es lo que pasa por elegir el libro por la cubierta. El cierre humorístico, con ese impagable documento gráfico, realza un relato notable con tu sello personal de elaborada sencillez y fluir natural.
    Un abrazo, Isabel.

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    1. La verdad es que el vídeo musical puede distraer algo la lectura.
      Muchisimas gracias Paco, repito que me alegra que compartamos blogs y relatos.
      Un abrazo.

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  11. Cuánta curiosidad y qué difícil elegir para la niña con tanta variedad y al final acaba con ese misal, una manera de aprender que las cosas no siempre son lo que parecen.

    Me ha gustado el punto de humor que hay en el relato y tu manera de contar tan natural y tan visual que haces que como lectora me sienta viendo una película en la que mi imaginación rellena aquellos huecos que has dejado para que imaginemos.
    Besos

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    1. ¡Qué bueno que lo viste Conxita" Muchas gracias compañera.
      Casualidad, acabo de venir de leer "Callar no es la respuesta", y también lo "vi" . He sentido dolor y rabia.
      Ya te diré más Conxita.
      Besos.

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  12. Vaya, con lo ilusionada que estaba la niña ante tanto donde elegir (todos hemos vivido esa situación de niños, con la ilusión infantil de tener algo insólito que sea solo nuestro), los ojos más abiertos que los del pobre halcón disecado, y al final va a elegir el misal. De un plumazo nos has llevado a otros tiempos donde ese tipo de publicaciones eran moneda habitual y el miedo se inculcaba desde las más altas instancias. Bueno, yo conozco a gente que piensa que bailar es pecado porque lo dijo la vidente de Fátima, fíjate si este tipo de cosas han calado en algunas almas. El miedo a todo lo que nos haga sentir en su mayor expresión. Algún día se debería hacer un museo con ese tipo de escritos. Buen relato Isabel, muy de la España profunda de hace algunos años, y muy visual. Saludos.

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    1. Hola Jorge.
      Bueno... el misal no es del tiempo de la niña, sino de tiempos pasados y antiguos, pues el marido de doña Gloria era anticuario y coleccionaba y comerciaba con cosas "viejas", por eso le sorprendió tanto el mensaje del misal a la niña de mi cuento.
      ¿Te la has imaginado con los ojos muuuy abiertos mientras elegía? Así la imaginé yo cuando la describía.
      Un abrazo.

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  13. Mecachis. ¿Por qué será que, de entre tantas posibilidades, de entre tantas maravillas, tenía que tocarle el dichoso misal?
    Me pasa muchas veces así en la vida: uno rebusca en el baúl y escoge lo malo o lo menos bueno. El azar, que es así de caprichoso.
    Un besazo de domingo.

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    1. Qué rabia lo del misal ¿a qué sí Sofía?
      Tengo que ponerme al día con tus reseñas (no es obligación, ya lo sé, me gustan un montón y disfruto leyéndolas)
      Un abrazo que dure toda la semana.

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  14. Creo que me hubiera sucedido como a la niña: elegir algo de lo que después me arrepentiría. Es que ante tan variado y dispar contenido la elección se hace difícil.
    Pero justo ese misal, con semejante admonición... cosas de otras épocas.
    Un relato muy fresco y entretenido, Isabel.
    Abrazos.

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    1. No es fácil la elección entre un montón de coas bonitas, tenía que haber dicho la cancioncita que no sé si conocereis por esas latitudes de:
      Tín marín de dos pingué, cucara macara, títere fue.

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  15. Hola Isabel. Podría decirte que el relato está bien escrito, armado y nítido hasta la médula. Pero esto sería una confesión a la distancia. Porque tus letras dejan caer instantes que son los que me atrapan. Esa niña contando su elección del baúl de Doña Gloria ha descrito la familia de forma soberbia: tics, dientes, antiguallas y notas de sociedad por un lado ah, y con bomba incluida, para ir a centrase en esos ojos de doña Gloria y el halcón. Ellos serán entonces los que ocupen la historia de la niña. Me quedo con ese instante donde la niña imita la mirada de la doña hacia el cuadro, ese momento de tocar la tela a contrapelo y ver esas tonalidades y dorados y finalmente, esa huida del halcón ante la elección de la niña de todas las cosas del baúl ¿porqué saldrá corriendo el pájaro? ay Isabel que forma de atrapar al lector con tu historia. De otros, tal vez no lo haya visto, pero de esta historia podrías hacer páginas y convertirla en novela corta (o larga ya puesta puedes hace lo que te de la gana). Querida a ti hay que leerte haciendo bolillos, disfrutando cada trenzado de bobinas para ver ese encaje que va saliendo detrás de los alfilerillos con cabezas de colores. Un beso

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    1. Bueno bueno Emerencia... ¿qué decirte?, no vale lo de:
      "Me llena de orgullo y satisfacción..." que voy a aparecer al Rey emérito Bobón.
      No, en serio, que feliz me haces niña, que mi cuento te llegue de esa manera, directo al cuore y a los ojos.
      Pensaré lo de la novela corta, mira, no es mala idea para un primer capítulo... lo malo es que se enfade la gente del barrio jeje.
      Ven, que te doy un abrazo apretado... te lo estoy dando ¿lo notas?

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  16. Qué bonito relato, Tara. Yo también hubiera elegido el libro y sin duda, habría terminado como vos, pensando por qué no elegí alguna otra cosa.
    Es un relato muy visual y escrito con frescura, ya que la imaginación de la niña presenta esa faceta de la imaginación sobre el suceso corriente y eso le aporta un toque poético sutil y seductor a la vez.
    Abrazos.

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    1. Mil gracias Gavrí, los que escribimos se nos van los ojos y las manos hacia los libros aunque desconozcamos su contenido (el del misal es letal)
      Un fuerte abrazo.

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  17. Qué bien escribes, me encantó tu historia. Es difícil elegir en un baúl mágico. Un abrazo

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    1. Muchas gracias Betty, si que es difícil la elección. Un abrazo.

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  18. ¡Ay esos baúles, esos desvanes! Yo eché de menos un lugar así, pero mis suegros tenían una casona familiar con un desván que era un tesoro. Los primeros veranos que pasé allí, debía de tener largas ausencias, porque cuando al fin preguntaban, ¿Dónde está Isidoro? La respuesta siempre era: ¡Dónde va a estar. En el desván! Muchas cosas rescaté de allí. Sobre todo, libros.
    Me han gustado todos los detalles de tu cuento, no solo el portentoso baúl y la sorpresa del misal con la decepción de la niña (es lo que tiene elegir un libro por su cubierta), como el tacto del terciopelo o la historia de cada uno de los miembros de la familia, sobre todo la de la hija que se empeñaba en aprender a patinar a riesgo de sus dientes
    Un abrazo amiga y, hasta el próximo

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    1. ¡Anda! Otro que le gusta revolver baúles, desvanes y cosas viejas, tendrías que verme metiendo la nariz en las ventas de libros de segunda mano, de vez en cuando, menos de las que me gustaría, se encuentra algún tesoro.
      UN abrazo Isidoro, no dejes de escribir que me encantan tus cuentos ¿vale?

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    2. ¡Ahh que acabo de ver que has colgado al mala fama 6!, pues me lo guardo ¡ea!

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