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jueves, 26 de julio de 2018

2 - El bufadero




                                                                                      2 

                                                         El bufadero



   Ruge el dragón acuático con tanta rabia que las aristas del mundo se desdibujan. Un tul húmedo tamiza el aire. Todo bulle.
   Federico se niega a soltarme ¡y yo creyendo que se había despedido para siempre!, incluso agita los brazos como si fueran alas, pero nada, que no hay manera de que eleve el vuelo y se largue. 
  Mi madre por fin decide echar al mar las cenizas de mi padre, ya iba para cinco años que las conservaba en una vitrina de casa dentro de una urna metalizada con filigranas de angelotes dorados, ¡un horror! 
   —Es que me hace mucha compañía, hija, le hablo, le cuento mis cosas. 
   —¿Y te contesta? 
   —¡Qué me va a contestar so boba! 
   ¡Ay si ella supiera! 
   Aviso a Federico de que no me distraiga con su charlatanería, no quiero que me vea la gente hablando sola, van a pensar que estoy mal de la cabeza. 
   Llegamos hasta el paseo desde donde se divisa el bufadero unos diez metros más abajo. Con nosotras viene Toño, el vecino al que mi madre ha convencido para que nos acompañe pese a mi insistencia de ir solas. No es tan arriesgado asomarse  al bufadero a pesar de los temores de mi madre. 
   —Es un muchacho atento y está encantado de hacer algo por nosotras, no sé por qué le tienes tanta manía. 
   Toño se sitúa en la misma dirección que sopla el viento y a unos metros del hoyo lanza las cenizas en un solo movimiento certero de su atlético brazo. El aire las impulsa hasta el epicentro del bufadero. Desde el muro mi madre grita ahuecando las manos sobre su boca: ¡Cuidado Toño! ¡Toñooo ten cuidado! El viento juega con su voz, distorsiona las palabras haciendo parecer un doble coño al Toño dos veces repetido. Federico ríe, solo yo escucho su carcajada estruendosa por encima del embravecido chorro de agua a presión saliendo de una de las chimeneas. Intento mantener la comisura de los labios en línea recta no sea que mi madre se enfade. 
   Es cosa seria despedirse del marido, de mi padre ya lo hice hace cinco años.
   —Bueno, pues ya está —suspiro aliviada —.Ya era hora de desprenderte de... 
    —Aún conservo algo de cenizas.  
    —Pero mamá, ¿no habíamos quedado en...? 
    —Toño me ha comentado que con solo 300 gramos se puede hacer un brillante, primero lo convierten en carbono, y luego..., no recuerdo, cuéntaselo tú Toño. 
   El chico se lanza a explicar el proceso de reconversión química ante mi cara de asombro. 
   —Después el carbono lo vuelven a procesar para convertirlo en grafito, y una vez purificado se expone a altísima temperatura para..., en fin, no quiero agobiarte María, el resultado final después de pulir y tallar el mineral en bruto es una hermosa gema de diamante como mucho de 6 milímetros de diámetro, la tecnología actual no permite fabricarlos mayores. 
   —¿Para cuándo mi brillante?  Lo quiero rosa. 
   —Diamante mamá, diamante. Y a todo esto ¿cuánto cuesta la broma? 
   —¡Qué más da hija!, tu padre se merece que tengamos un bonito recuerdo. 
   —De siete a ocho semanas —continúa impertérrito Toño ignorando mi pregunta pecuniaria —. Hay que enviarlo a Suiza, por ahora es el único laboratorio que se encarga de estos trámites. Sobre el color me temo que solo podéis elegir entre blanco con destellos azules, o azul claro, depende de la cantidad de boro presente en el cuerpo de..., en las cenizas. 
   Federico se partía de la risa, con una mano se sujetaba el estómago y con la otra daba golpes sobre el muro y a mí no me hacía el asunto maldita gracia. 
   —Para vuestra tranquilidad extienden un certificado de garantía con la descripción química de la gema, si queréis me informo del coste, o le facilito a María los datos de la empresa para que contactes con ellos, lo que sea necesario para ayudaros. 
   —A lo mejor hasta alcanza para un brillante pequeñito para ti, hija. 
   Si a mi padre lo hubiesen enterrado, visto lo visto, mi madre sería capaz de exhumarlo para hcerse  un collar con pendientes a juego. 
   Federico me cuenta que a él le habría encantado que le hicieran una misa de difuntos  con todo el protocolo: sahumerios, latines y  cantos gregorianos.
   —¿Tan religioso eres? 
   —¿Quién, yo? —pregunta extrañado Toño. 
   —¡No qué va! —responde Federico, —pero puestos a despedirme que lo hagan en toda regla, con su introito, su réquiem aeternam, su kyrie eleison, su hosanna in excelsis, su sanctus sanctorum, y su lacrimosa concesión del descanso eterno. Y sobre todo el silencio, el silencio que se debe a los muertos y no los aplausos con los que ahora despiden a quienes fueron queridos o admirados por el pueblo, si es que lo único que me interesa de la iglesia católica son las puestas en escena de los ritos, lo hacen como nadie y no con este medio traje de mierda que me prestó la funeraria. 
   —¿Nos vamos ya hija?, empieza a hacer fresquito. ¿Nos acompañas Toño? 
   —¡Cómo no! 
   —Yo me quedo un momento por aquí. 
   —Mira que se hace de noche enseguida. 
   —Que sí mamá, dentro de un rato vuelvo a casa. 
   Federico y yo disfrutando del magnífico cielo del ocaso  con la banda sonora del bufadero. Me cuenta que le parece recordar que antes, mucho antes, vivía en un lugar frondoso. 
   —No hay verdes aquí —le digo —solo lava, rocas y arena negra, y el mar claro, siempre el mar; si el pesao de Toño estuviera aquí diría que es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes, así, sin más, sin poesía, ni color, ni atardeceres hermosos.
   —Sí que hay verdes cariño,  mira este sereno y mullido valle que pisamos. Es un campo de golf. 
   Me sorprendo tanto por el inesperado “cariño” como por el césped que inventa Federico. Le contesto con un yo no sé jugar al golf. 
   —¡Claro que sí!, acabas de darle a la pelotita, ¡uf que buen golpe!, ¡trescientos metros por lo menos! —exclama haciendo sombra con la mano delante de sus ojos. 
  Federico me hace imaginar una parábola perfecta de larga trayectoria. Sonrío, sonrío mucho, y sí, es verdad, tengo un magnífico swing
    —Anda, alcánzame ese hierro a ver si consigo... 
   —Bueno, mejor lo dejamos Federico, mira que hay gente paseando por la avenida y nos van a ver haciendo aspavientos. 
   —A mí no pueden verme, y si te vieran  a ti exclamarían ¡joder joder!, todos aplaudirían de lo bien que juega mi mujer. 
    —¿Tu mujer...? 
  —No me interrumpas que me desconcentras, ¿qué te estaba diciendo...? 
   Federico tiene una verde imaginación, que no veo hierba, ni césped, ni el campo de que me habla, pero le imprime tal draw y velocidad a la bola que cae directamente en el centro del bufadero. Mi padre la pilla  y se la lleva con él. 
   Llueve lento de repente, se confunde la espuma marina con la respiración del bufadero. Es la primera vez que llueve este verano y todo adquiere un tono metálico. 
   Se calma el viento. 
  Volvemos a casa, el suelo del paseo parece un largo espejo bruñido, se repiten las losas negras y blancas de manera alterna. Dan ganas de jugar con Federico a la pata coja y al que bien respiro.










Pincha aquí cap. I

Pincha aquí Cap. 3


                     



24 comentarios:

  1. Un humor negro delicioso, Isabel. Y una pareja deliciosa la de Federico y María que parece que van a dar mucho de sí. Me ha encantado el inicio, esa parte en la que las cenizas se le pegan como si el padre no quisiera dejarla tranquila no solo es divertido, sino que insinúa una historia detrás. Como veo que es una serie, si me lo permites, te sugeriría que añadieras una nota explicativa sobre quien es Federico y María. En el primer capítulo ya lo vimos, pero el nuevo lector que llegue a la historia aquí puede no entender que Federico es un fantasma.
    Aprovecho para desearte un maravilloso verano en las islas afortunadas y en septiembre aquí estaré para disfrutar de tus magníficos relatos. Un fortísimo abrazo, querida amiga.

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    1. Hola David. ¡Qué bueno que te gustó!
      Te cuento, la frase inicial del principio puede confundir a Federico y al padre, así que la cambié, creo que está más clara ahora. ¿Ves como vuestro punto de vista ayuda?
      Sobre las acotaciones en los capítulo explicando los personajes y situaciones... hum... no estoy muy convencida, quien tenga interés o curiosidad que se lea los anteriores (aunque soy consciente de que una serie puede restar interés por la molestia que supone leer los antecedentes). Lo que si me gustaría es poder poner un vínculo con los anteriores capítulo, pero ni puñetera idea de como se hace, que soy la reina de las torpes para estos menesteres.
      Bueno, vamos a lo importante David... que tengas unas estupendas y merecidas vacaciones, nos "vemos" a tu vuelta.
      Un abrazo de los gigantes amigo David.

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  2. Ja, ja, ja. María y Federico dos tienen tema. Yo también querría un Federico que se riera conmigo de los Toños de turno y sus diamantes. Me ha gustado un montón. A ver si nos dices cómo acaban estos dos.
    Un besito

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    1. Ws que los Toños de esta vida son muy pesaos, ¡donde se ponga un Federico! ( cono sin pantalones)
      Un besazo Anita.

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  3. Un relato negro muy divertido, ja,ja,ja como que yo tengo cenizas de mi madre y mi padre juntos en un tarrito en casa en espera que hacer con ellos. Se puede contar una historia. Un abrazo.

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    1. Si quieres te presto el bufadero Mari Carmen, lo tengo al lado de casa :)
      Un abrazo y que pases un estupendo verano, ya veo que no paras.

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  4. Hola Isabel me gusta un montón esta serie. Este relato, en concreto, me resulta muy visual, tal vez porque conozco los bufaderos, he tenido ocasión de verlos en el norte y no se si en Tenerife vi alguno. Me ha resultado muy poético eso de dragón acuático y tul húmedo, y después cómo describes a Federico con esa sonrisa prosaica,umh, creo que Federico es mucho de Isabel. Bueno ese coño, de Toño, doble encima, jo, me he reído un montón. Lo que si te digo es que este "Todo sobre mi madre, es más "Qué sería de mi vida sin Federico" jaja. Me ha gustado mucho. Y el humor negro del diamante, ¡lo que tiene que costar la broma! Yo conozco a gente que parte de los microhuesos que entregan en la urna, los lleva en un colgante. Bueno fuera de la gracia del asunto, quién conserva aun los restos de un ser querido se le hace difícil desprenderse de ellos y es un enigma porque los conserva. Hay personas que han estado muy ligadas a ellas y cuesta desprenderse de esos lazos afectivos, de esa unión, y mira que conozco muy de cerca de lo que hablo. Aún así, el relato hace que se volatilicen un poco esas emociones mas espirituales que terrenales, esos arraigos que hubo en vida; y mira quién lo dice la que contó la historia de Nunilo, la primera en llegar al cielo en cofre de hielo. Ya espero con impaciencia la continuación, espero que no la dejes para septiembre. Un abrazote.

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  5. Tranqui Emerencia, por aquí estaré, no me gusta las vacas en agosto, cuando mi niño era chico no me quedaba otra, pero si puedo huyo de las aglomeraciones agosteras ;)
    Por supuesto parto de la base de que conservar, o no, las cenizas de los queridos ausentes es tan respetable como que se coman los restos las aves carroñeras (en la India lo hacen), espero no molestar a nadie porque como dicen nuestros compañeros es humor negro negro ¡y que no falte!
    La verdad que la manera más original que he visto de irse pal otro barrio es la de Nunilo :)
    La imagen del cuento es del bufadero de La Garita, en Gran Canaria, en la que por cierto un turista murió al caerse haciéndole una foto el año pasado, una desgracia.
    Las cenizas de mi padre (el real, no el de la historia) también las "echamos" ahí, pero era un día tranquilo y el bufadero estaba en calma, así que mi madre (la real), no tuvo que pegar gritos para que tuviéramos cuidado.
    Ya ves, te pasará a ti también Emerencia, que se mezcla lo real con lo ficticio en las locuras que escribimos ¿o no?

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    1. Hola Isabel, sí y tanto, más de una vez. A ver si me atrevo a hacer una locura de texto este verano, estoy en ello. Lo de las cenizas es algo muy particular de cada persona y hacer humor negro me parece muy sano. En mi caso es que todavía ando tocada, me cuesta superar ciertas cosas. Solo han pasado tres años y aun conservamos los restos, tal vez esperando al papá, ya tiene 90 y creo que lo mejor es que estén juntos. Pero me parece genial hacerlo, creo que libera bastante y te engancha las patas a la tierra. Gracias por compartir tu historia personal.

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  6. Qué bien cuentas con los diálogos, Isabel, caen de una manera tan natural que es un placer para la lectura. Muy buena esta segunda entrega, me ha encantado. Creo que Federico es un personaje que tiene mucho para dar, me parece que has encontrado algo muy valioso en él debido a la particular forma de ser, ya que solo vale para la voz que narra y para los que te leemos.
    El relato tiene una textura pulida, como la madera muy trabajada, y eso es muy , muy bueno, y el contexto, maravilloso, como tu isla.
    Ariel

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  7. Son relatos ligeros, me los paso bien escribiéndolos aunque detrás de su "ligereza" hay algo de curro (trabajo)
    Un beso Ariel, abrígate ¿eh?

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  8. Por un momento pensé que Federico era el padre pero luego recordé el texto anterior. Me ha gustado mucho más esta parte. Y como siempre, encantado con tu humor. Me gustó mucho esto: "si es que lo único que me interesa de la iglesia católica son las puestas en escena de los ritos, lo hacen como nadie y no con este medio traje de mierda que me prestó la funeraria".
    Ya sabes, con lo ateo que soy, jajajaja.

    Abrazos Isabel.

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    1. Yo tampoco soy creyente, pero ya ves Gildardo, me gusta el "teatro", a mi parecer le han quitado a las misas lo más interesante, su puesta en escena ;)

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  9. Preciosa la imagen del bufadero, y algo peligroso parece acercarse a él. Menuda parejita estos dos, la viva María y el difunto Federico, no se si me aventuro demasiado si les pronostico una larga vida... o muerte juntos. A quien no veo con la moza es a Toño, demasiado aséptico el chico, un contrapunto formal en esta historia delirante cargada de surrealismo. Veremos como continúa la saga, que de tu imaginación parece que se puede esperar cualquier cosa. Un abrazo, Isabel.

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    1. Y tan peligroso Jorge, mira, aquí te dejo una noticia del fatal accidente sufrido por un turista el año pasado.
      https://www.canarias7.es/sucesos/rescatado-un-joven-por-el-helimer-tras-caer-al-mar-KD2555804

      Pues a ver que pasa con la pareja, a la madre de María le gusta Toño, me han chivao :)

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  10. No conozco los fufaderos de Gran Canaria, pero sí los bufones de Asturias y los Hervideros de Lanzarote. Sea como sea, son lugares en los que la mar (femenino, como para los marineros) parece querer escupirte a la cara que ella es la que manda, por mucho que las rocas quieran aprisionarla. Un paisaje, o más bien, un escenario espectacular. Escenario es lo que quiere Federico, como el que monta la Iglesia catolica, como el verde campo de golf en la arena negra. Casi puedo verla a ella practicando su swing. Me gusta ese momento íntimo que has construido, reflejado en los últimos párrafos, en contraste con toda esa parafernalia de Federico, de la madre, de Toño, que por cierto, he buscado en internet eso de convertir las cenizas en diamante, porque no tenía ni idea y, me ha impactado. Y eso que no he mirado precios, ja ja.
    En cuanto a ese humor (de blanco y negro), que, más allá de algo propio de este relato, pertenece a tu particular estilo de narrar, no digo nada que no te hayan dicho, salvo que me encanta. Me gusta porque, si supiera, yo escribiría igual.
    ¿Volveremos a saber de la joven que habla con los muertos? Espero que sí
    Que sigas disfrutando del verano, no necesariamente de vacaciones, y un fuerte abrazo

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    1. Aquí tienes un vídeo del bufadero al amanecer.
      Tú ya sabes, Isidoro, que los escenarios son importantes, y el bufadero, efectivamente, es espectacular.
      Estoy con el tercera "entrega", aunque con poco tiempo para escribir.
      Ya veo que escribiste Arandedo 4, ya sabes, desde que pueda voy pallá.

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  11. He puesto un vídeo del bufadero al final del relato.

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  12. Hola Isabel, me ha encantado tu relato. Has logrado de un modo muy bonito contar esta historia que podemos encuadrarla dentro del género negro pero siempre con el estilo que te caracteriza. Parece que continúa en otros capítulos. Me ha gustado cómo juegas con los personajes, María y Federico que hace travesuras que solo ella ve.. Un abrazo querida compañera.

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    1. Hola Miry. Pues no sé en qué género encuadrarlo. Puede que tenga algo de influencia de escritores hispanoamericanos por el toque ( o manotazo) de realismo mágico.
      Gracias Miry, a ver si saco tiempo para leeros, un fuerte abrazo.

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  13. Ah por cierto, he olvidado decirte que el vídeo del bufadero es precioso. Besos.

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  14. Federico empieza a dar un poquito de miedo, con tanto apego, jajaja Pero parece que a tu protagonista no le molesta del todo.
    Qué bueno Isabel, estoy disfrutando MUCHÍSIMO de esta serie, (solo me faltan las palomitas) me voy corriendo a leer el siguiente capítulo, :)
    Un besote.

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    1. :):) que bueno que te lo pases bien Irene.
      Graciassss

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