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martes, 17 de julio de 2018

1 - El difunto de la Sala II


                                                                        1
                                                El difunto de la Sala II




   Huele a naftalina, y es que le han metido tres bolas de alcanfor en el bolsillo del chaleco, probablemente con el fin de conservar la prenda intacta para otro difunto que carezca de ropa propia. Va vestido de mafioso con terno gris, un clavel reventón en la solapa, el pelo aplastado peinado en raya y las manos cruzadas al pecho por encima de la corbata negra. 
   El finado de la Sala II se sienta a mi lado y me saluda con un ¡hola guapa!, ¿qué tal?
   No es la primera vez que los muertos me hablan. Todo comenzó desde que, por imposición materna, la acompaño a los velatorios..., claro que podría negarme, aunque prefiero la actitud pasiva de obedecer a mi madre antes que soportar su retahíla del no te preocupes, llamaré a un taxi... si yo no quiero molestar hija... que triste es hacerse vieja (llegado a este punto suele suspirar, un hondo suspiro)
   — Me llamo Federico —añade el difunto tendiéndome la mano, una mano muy fría.
   Este muerto no es mío.
   — Mamá, que nos hemos equivocado de cadáver.
   — No se dice cadáver hija, sino fallecido.
   Nuestra difunta se llamaba  Carmela, Sala III, una señora muy buena, todo el mundo la quería, sus hijos más, ya se están repartiendo las querencias del a tanto toca. 
   Las frases manidas se escuchan por doquier:
   No somos nadie.
   Mi más sentido pésame. 
   Ya descansó la pobrecita.
   Le acompaño en el sentimiento.
   Dios la tenga en su gloria.
   ¿la entierran o la incineran?
   Federico se empeña en acompañarme allá donde voy. Va desnudo de cintura para abajo, ni zapatos tiene y todo le cuelga, hasta la poca vergüenza de andar de esas manera por un lugar tan cumplido.
   —¿Y cómo es que vas así de esta guisa?
   Pues que no tengo familia que me vele, solo un seguro que cubre el protocolo. 
   — Ya podrían haberte puesto unos calzoncillos por lo menos. 
   — En la caja de soñar siglos sólo se ve cuarto y mitad y es que a mí no ha venido a despedirme nadie, ¡que no me quieren, joder!
   — No levantes la voz Federico.
   — Pero que  más da si solo me escuchas tú.
   — ¿Qué haces abrazando el aire?  —Pregunta mi señora madre. 
   Federico me cuenta sus cuitas, desconozco la razón, ya podía haber pillado a otra y es que el pobre desgraciao quiere que le lloren de verdad. Me lleva de la mano, ¡qué mano tan fría!, a la sala del finado IV, una vida joven, unos padres desolados..., el dolor es tan grande allí que no necesita demostraciones histriónicas. La pena ajena me pelizca  las entrañas y Federico me consuela.
   Salimos a tomar el aire, unas vagas figuras se pasean. Los que fuman, los que no fuman, los que compran flores a cien euros la siempreviva, los que lloran, los que hacen como que lloran, los que callan, los que tiemblan.
   — Mira, allí hay más muertos como yo buscando barcas de lágrimas.
   — ¿Y a dónde vais después de...? 
   — No lo sé, ni puñetera idea, pero estoy cagado.
   — ¿Y tú a qué te dedicabas cuando estabas vivo?
   — Yo era un... no doy con  la palabra... la de vivir para el placer de los sentidos.
   — Egoísta.
   — No no..., ya lo recuerdo, un hedonista.
   — Pues eso he dicho.
  Federico me cuenta que una vez quiso a una mujer. De tanto quererla la ahogó con su sombra.
   —Tanto que se me posa una rumbita en la etiqueta “fulanito de tal, sala II” que me han colgado del dedo gordo del pie y hasta me bailan las rayas del traje de mierda que me ha endosado la funeraria. Tanto la quise que mira cómo se me alegra la querencia de debajo del ombligo solo de pensar en ella, la añoro, me muero, me estoy muriendo por ella.
   — Ya, ya lo veo.
   — Puñetera vida —.Se lamenta Federico y a mí me da mucha pena.
   — Oye mi niña, ¿tú no me tienes miedo que mira que soy un muerto?
   — ¡Ay que risa!, si es que eres un difunto de opereta medio desnudo, eso no es un terno, chaqueta y chaleco sin pantalón. 
   Se mira a sí mismo y sonríe de la facha que lleva. Me comenta que antes, mucho antes, vestía de Armani y de... 
   — Bueno, ¡ya que más da! 
   — Mira, ahí viene tu coche negro que te llevan para los siempres.
   — Cántame la canción de "Vete de mí" de Diego el Cigala, antes me gustaba mucho, ya sabes, cuando estaba vivo.

          Tú que llenas todo de alegría
          oye el canto perfumado del amor
          vete de mí

   Al difunto de la Sala II se lo llevan en una carroza negra tirada de mis ojos de inventar penas al trote de una rumbita.

          No te detengas a mirar
          las ramas muertas del rosal
          que se marchitan sin dar flor

   De vuelta a casa, mi madre se queja de que la radio del coche está demasiado alta y sin pedir permiso la apaga. En mi cabeza siguen sonando los últimos acordes.

          Mira el paisaje del amor
          que es la razón para soñar
          y ama...
          ama



40 comentarios:

  1. Magnífico, Isabel, magnífico. Así: dos veces magnífico. Es una delicia leerte. Parece que hubiese visto a esa dama que prefiere ir a los velorios antes que escuchar los reproches velados de su madre. Y también a ese muerto que habla, un muerto equivocado que solo ella escucha. Un relato en el cual los discursos están en primer plano, naturales, espontáneos, originales, envidiables. Un texto ameno y escrito con ese talento que tienes y que ya quisiera saber yo cómo se logra. Un relato que yo quisiera tener en mi biblioteca.
    Ariel

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    1. Querido Ariel, usted y yo, señor mío, tenemos formas de escribir radicalmente opuestas, creo que a ti te gusta mi odo de hacerlo por la misma razón que yo admiro tu magnífica y profunda manera de escribir, porque ansiamos lo que carecemos. Claro que escribir como lo haces, amigo Ariel, no es fácil.
      Gracias compañero.

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  2. M'encantó, pues veo los "invisibles" como los llamo yo (porque hay vivos más muertos que los muertos). Aprendí a verlos en el bosque de mi niñez. Como cazador nocturno, tienes que ver de "reojo" (después de media hora en oscuridad) porque donde enfocas hay un agujero negro, la imágen está en la periferia, donde la vereda es clara y cualquier víbora u lo que sea se atraviesa como silueta oscura en movimiento. Igual con los "invisibles" que nadie más suele ver sin cagarse de miedo. Conmigos son amistosos y salen de su soledad. En México decimos que "a los difuntos no se les vé el rostro": nomás trata de ver facciones de una persona de reojo sin mirar directo... Y el Cigala ¡¡es de mis favoritos!! Besos, Capitana.

    el Grumete

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    1. Hoooolaaaa grumete. ¿Qué te voy a contar yo a ti si vives en el filo de la vida?, te arriesgas, navegas, vuelas, y no te niegas ninguna experiencia vital. Segurito que tienes un pacto con los sin rostros.
      Besos Loup.

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  3. Este muerto está un poco tristón. Necesitan que le animen. No me extraña que quieran que le canten la canción de El Cigala, me ha recordado el verso de Bécquer "¡Qué solos se quedan los muertos!". Y qué bien has dibujado el ambiente del tanatorio con todas esas frases tópicas que no consuelan a nadie.
    Bueno, Isabel, que eres la reina de la parodia.
    Un beso muy grande

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    1. Este muerto es raro raro raro ;)
      La verdad es que no sé la razón, pero una gran parte de mis cuentos hablo de muertos ¡qué cosa!
      Gracias Anita, un cariñoso beso.

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  4. Hasta de los velatorios se puede sacar miga y de la buena, jajaja.
    Mira por donde estoy en la ardua tarea de escribir un relato medio luctuoso medio de humor sobre algo parecido, pero con muertos bien muertos, jeje.
    Me lo he pasado en grande con las peripecias de la protagonista y su inesperado e insólito amigo.
    Un beso.

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    1. Solo hay que saber "mirar" y tener los ojos muy abiertos, los ojos de la fantasía digo. A ti tampoco se te da nada mal Josep Mª, ya leí esta mañana tu "maldición"
      Un beso y hasta pronto compañero.

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  5. Hasta de los tanatorios sacas migas, jajaja, que bueno lo del muerto que habla y esa madres que los visitan. Muy bueno Isabel eres un crak. Un abrazo.

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    1. ...¿y qué culpa tengo yo si los muertos me hablan?... bueno, a la chica de mi cuento¡menos mal! quita quita yuyu.
      Un abrazo Mari Carmen, gracias por venir a leerme.

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  6. Lo más importante para un escritor, en mi opinión, es tener un estilo propio. Ahora bien, un estilo muy personal no siempre gusta a todo el mundo. Cumplir las dos premisas ya es de premio. En tu caso, un estilo propio y muy personal tiene facilidad para llegar a cualquier público. Esa es la magia. Porque tu forma de escribir tiene frescura y algo añejo, tiene acento y es universal, tiene inteligencia y es simple, tiene ironía e ingenuidad, ternura y malicia... Manejas la tragicomedia como nadie, el arte y oficio de vivir como alguien que ve no solo a través de los ojos. Y como si tal cosa, nos hablas de muertos sin calzoncillos con busto de mafiosos que nos pasean por el binomio vida-muerte como si fuese el fantasma de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Solo tú puedes dar vida a un Federico y a la niña que habla con los muertos y nadie como tú para conjugar el humor con el drama, hacernos reír y hacernos pensar y todo con ese toque inteligente de quien narra cómo el que cuenta, porque dicen que un cuentista es un narrador, pero no siempre un narrador puede ser cuentista.
    Un fuerte abrazo, compañera

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    1. Juerrr Isidoro!!!!!!!!!!
      Y yo que no estaba muy segura de que este cuento fuera medianamente bueno. Pues nada, me has dejado con la moral más alta que la del Alcoyano (qué vaya usted a saber quién era)
      Gracias Federico, me anima un montón lo que me dices.
      Un abrazo apretao

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    2. ¿Te he llamado Federico...? ¡madre mía Isidoro! Bueno, supongo que confundirte con un muerto te dará más vida, ¿o era soñarlo? ;)

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    3. Y ya termino Isidoro... esto, que me encanta que me llames cuentista porque es justo lo que me considero, contadora.

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    4. ¡Ah!, Qué era por mi, pensaba que hablabas con el muerto, ja ja
      Y bueno, si quieres, contadora, pero me gusta más cuentista, porque lo otro me suena más a números y, por otra parte, tiene masculino y femenino, mientras que cuentista vale para todos, aunque no podamos evitar esa acepción de "persona que exagera en sus historias" ... (Perdona el rollo, pero me gustan los matices, je)
      Besos

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  7. Muy pero muy bueno, Isabel. Contada con frescura, ingenio y una pinceladas poéticas que la realzan, la anécdota luce nueva (muchas personas escriben sobre eso de ver gente muerte),como todo un descubrimiento. Eso es la voz, la impronta propia de la narradora.

    Me gustó realmente mucho, así que lo voy a compartir porque merece la pena esta lectura, llena de talento.

    Abrazos.

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    1. Gavrí, justo venía de leerte "Un animal con alas" y comentarte, y que tú precisamente, un escritor hondo, comprometido con la vida y la escritura, me digas que te parece bueno lo que escribo ¡ufff de los ufffssss!
      Gracias Gavrí, de corazón gracias.

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  8. Me emocionó y también me hizo sonreír, es el efecto que me producen tus relatos y tu forma de narrar. Coincido con el comentario que te hizo Isidoro, bien jugoso y a fondo, por cierto.
    Es requete bueno, Isabel ¿por qué no participás de la revista digital El Narratorio? Podrías enviarlo, tenés tiempo hasta el 25 de Julio.
    Para que veas cómo es la revista te dejo la dirección:

    https://elnarratorio.blogspot.com/p/blog-page_33.html

    Felicitaciones, querida Isabel y un enorme abrazo. Lo comparto para el disfrute de otros.

    Abrazo grande.

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    1. Pues oye Mirella, ahora que nuestro Tintero nos da un respiro vacacional, igual me paso y dejo este relato de Federico. Y a ver si consigo entrar en narratorio, que soy muy torpe para estos menesteres.
      ¿Te emocionó Federico... y además te saco una sonrisa? Este muerto me gusta.
      Gracias Mirella, un abrazo gigante.

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    2. Lo que me preguntaste en mi blog te lo copio también aquí.
      Para entrar en la revista y ver los cuentos publicados tenés que ir al que tiene la portada del gato sobre un fondo negro. Hacé clic en el signo blanco a la derecha (>) y así podés dar vueltas las páginas como si fuera un libro. Para agrandar la página y leer mejor fijate que abajo, siempre sobre el fondo negro, hay una especie de ícono cuadrado que si le apoyás el cursor sale una inscripción que dice "Fullscreen" o sea pantalla completa. Y con el signo > pasás de página. Para salir de la pantalla completa pulsás la tecla ESC del teclado de tu ordenador.
      Para mandar tu cuento los datos están sobre el lateral derecho del blog. Te los escribo, así es más claro para vos. Mandar un mail a:

      elnarratorioblog@gmail.com

      Las obras van en un archivo adjunto formato Word y no deberán pasar de las 2000 palabras. En el Asunto del mail deberás poner: Revista digital El Narratorio Nro 30.
      En el cuerpo del mail va tu nombre, nacionalidad y enlace a tu página web y/o redes sociales. Fecha límite para mandarlo es el 25 de julio y sale a mediados de agosto.
      Querida Isabel, si no entendiste algo o tenés alguna dificultad no dudes en escribirme. Te dejo mi mail: plenilunio2@gmail.com
      Un abrazo grandote.

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    3. Ya lo he enviado Mirella gracias a tu ayuda.
      Gracias también por el correo, seguramente tendré que usarlo para preguntarte alguna duda que soy muy torpe para estos menesteres.

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  9. Un estupendo relato, Tara. La muerte vista a los ojos de esa niña, sin miedo, casi de manera inocente. Narrada desde su punto de vista aporta ese tono desenfadado, fijándose en las formas, en esas frases estereotipadas que nos vienen a la mente en esos momentos y que repetimos con respeto, como fórmulas para el consuelo.
    Pero luego está el drama, lo oculto en la historia. Ese desdichado muerto cuya soledad en esos momentos nos hace plantearnos cómo fue su vida. No he podido evitar acordarme de un poema de Bécquer, quizá el único poeta que leí con entusiasmo en mis años mozos. Con tu permiso lo reproduzco:

    Al ver mis horas de fiebre... (Rima LXI)

    Al ver mis horas de fiebre
    e insomnio lentas pasar,
    a la orilla de mi lecho,
    ¿quién se sentará?

    Cuando la trémula mano
    tienda próximo a expirar
    buscando una mano amiga,
    ¿quién la estrechará?

    Cuando la muerte vidríe
    de mis ojos el cristal,
    mis párpados aún abiertos,
    ¿quién los cerrará?

    Cuando la campana suene
    (si suena en mi funeral),
    una oración al oírla,
    ¿quién murmurará?

    Cuando mis pálidos restos
    oprima la tierra ya,
    sobre la olvidada fosa,
    ¿quién vendrá a llorar?

    ¿Quién, en fin, al otro día,
    cuando el sol vuelva a brillar,
    de que pasé por el mundo,
    quién se acordará?

    Un fuerte abrazo!!

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    1. Gracias David. Quizás os parezca una niña la amiga del difunto, puede que sea porque le dijo Federico "mi niña" algo muy canario que decimos por aquí. No es tan niña... ya lo vereis en próximos capítulos, que esto es una serie.
      El poema de Bécquer impresionante, y muuuy triste.
      Un abrazo David, y... venga... te damos permiso para que te vayas de vacas, que te las mareces :)

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  10. Ay por la vigen, que no sabía yo que iba a extrañar tanto al muerto Federico. No te marches...Que no se lo lleven... Sí, estas son las cosas de Isabel; dando la mano a la fría muerte, paseando entre sollozos fingidos y sorteando la esquina de luto; y en la despedida, ese adiós, sacando a bailar los difuntos de su caja, caja flamenca con acordes de piano. Ingeniosa historia. En el futuro pulsaremos un botón al móvil y desconectaremos, no nos perderemos en el whatsapp sino que nos trasladaremos a una fase donde los muertos nos acompañarán, nos darán conversación y nos harán reír, ya que los vivos no se esmeran mucho hoy día. Este diálogo es genial: Yo era un... no doy con la palabra... la de vivir para el placer de los sentidos. — Egoísta. Un abrazo Tara.

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    1. Ayayay Emerencia!!!!!!!, tranqui muchacha, que esto es una serie, lo mismo Federico nos vuelve a dar la tabarra. Una serie titulada "todo sobre mi madre" y donde las constantes serán la madre, la muerte y la ironía siempre presente.
      Sobre los diálogos, lo mismo me he pasado, generalmente suelo guardar cierto equilibrio entre la parte narrada y dialogada..., pero es que Federico me tiró de la lengua, y claro, pasa lo que paso.
      Un beso corassssón de melón.

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  11. Fantástico relato, Isabel. Muy original y muy divertido. Quería decirte también que te he nominado a los premios "Blogguer Recognition 2.018". Aquí te dejo mi enlace https://cuentosvagabundos.blogspot.com/2018/07/nominacion-premios-blogguer-recognition.html Un beso..

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    1. Muchas gracias Marta por la nominación y por acordarte de mi.
      Muchos besos.

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  12. Un difunto alegre.Me gusto Tara.Abrazo

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  13. Con grandes dosis de humor y sátira describes una escena dramática. Me encanta el desparpajo de la niña que,lejos de asustarse, trata con una naturalidad pasmosa al finado parlante. Pobre hombre, sólo, a medio vestir, (imagino la cara de San Pedro, recibiéndole con las colgaduras al aire y mirando de reojo a Dios, nuestro señor, para comprobar si es digno de entrar en el reino de los cielos). La crítica al postureo, a las lágrimas fingidas, al frote de manos imaginando una herencia sin impuestos... Y la triste soledad de un muerto que no merece ni siquiera ir al más allá vestido completamente. Mucho ingenio, Isabel. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Jose, por leerme tan pero tan bien.
      Un fuerte abrazo.

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  14. Me da que la protagonista aún sin nombre de este cuento está más que acostumbrada a tratar con los difuntos, he leído en algún comentario que se trata de una serie, así que seguramente la conoceremos un poco más. La muerte se ve con más naturalidad cuando puedes sentarte a charlar tranquilamente con un finado, y esa cotidianidad se aprecia en el modo de conducirse de ella. También nos muestras la resignación del difunto, obligado a dejar atrás una vida de la que no se lleva nada, por no llevarse ni unos pantalones tiene, aunque a estas alturas le importaría más que alguien lo llorase. Cuando el enemigo es más fuerte no nos queda otra que reírnos de él, y eso es lo que haces Isabel, con ironía y gracia. Buenos diálogos, mordaces por momentos. Me ha gustado cuando has puesto el abrazo al difunto en boca de su madre, claro ejemplo de la máxima "no cuentes, muestra". Muy bueno. Un abrazo!

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  15. Muchas gracias Jorge. Oye, que ya te va tocando irte de vacas ¿no?
    En esta serie estoy trabajando mucho los diálogos, hay un libro que ando leyendo (virtual, a la espera de su llegada en papel) "Cómo escribir diálogos: Descubre la voz de tus personajes" de una paisana tuya Iria López Teijeiro y que me está viniendo de lujo. Recomendable.
    Un abrazo Jorge y felices vacaciones si las pillas :)

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  16. Hola guapa, cualquiera te invita a ti a comer si a la hora de sentarse a la mesa ya pululan por el establecimiento media docena de "amigos dialogantes que solo tú ves" con la intención de compartir mesa, mantel y cuentavidas... jajjajaajjaa...

    Desde luego el relato, muy bien narrado, tal cual la vida misma.

    La "vaina" será si tambien se toman la licencia de aparecer/compartir espacios más "privativos" cuando ya el sol se ha ocultado... ¡¡Y ello sin avisar!!

    Vivaraz y dinámica como siempre. No dejas indiferente a nadie... Ni siquiera a los difuntos jajjajajaja...

    Fuerte abrazo Isabel.

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  17. jejje... pero que culpa tengo yo si se me acercan los difuntos?, bueno... a mi no, a la prota de mi cuento.
    Muchas gracias Ernesto un abrazo de los fuertes.

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  18. Hola Tara. ¿Por dónde empezar? Un fantasma sin pantalones, una madre que manipula y en medio de todo una joven (?) clarividente. Tus personajes siempre son tan reales y vivos, aún los muertos... Para colmo, El Cígala (y no olvidemos al Bebo Valdés en el piano – yo tengo ese disco ;-p) juega un papel protagónico. Me encanta cuando la música sirve de inspiración para una historia y viceversa. Lo has ejecutado magistralmente. Saludos!

    PD,
    Por un momento pensé que la madre también era un fantasma... tal vez eso le hubiese dado otro giro inesperado... a lo Shyamalan o Nolan o, por la misma razón, hubiese quedado demasiado enredado. Nada, yo sobre-analizando como siempre! ;-)

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    1. ¡Qué tal Ricardo? No, no me olvide de Bebo Valdés, Grande ¿eh? un dúo perfecto.

      Bueno... si te he tocado algún resorte para que imagines otras situaciones del cuento, pues ¡genial Ricardo!

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  19. Hola Isabel,
    Qué bueno, pero mucho. Me encantada las frases que dejas sobre todo esta: Es tan cierta. Y la ironía que desprende con ese halo de tristeza que uno a leerte no sabe si reír o sentir compasión por el susodicho. Venga las dos cosas, ;)
    Un beso enorme.

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    1. 'el dolor es tan grande allí que no necesita demostraciones histriónicas' tan rápida yo, que ni la copio, :)

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    2. Hola Irene, muuuchas gracias compañera.

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