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martes, 7 de agosto de 2018

3 - Lágrimas de cristal



                                                    3  - Lágrimas de cristal  


                                                     

   Se giró al escuchar el grito y el viraje fue tan rápido, solo cinco segundos de tiempo real en el mundo de los humanos, que su punto de mira cambió. Ahora estaba colgado de la lámpara del techo. Por inercia se sujetó con firmeza a ella temiendo caer al vacío..., después, Federico recordó que estaba muerto y que ya no importaba nada, o casi nada. 
   Sólo un momento antes tocaba la guitarra sentado entre la pareja, una maniobra absurda e inútil con el fin de  que María no pudiera escuchar las milongas de su enamorado. Nostálgico de los setenta pellizcaba las cuerdas virtuales emulando  al Gran Santana, ¡el inimitable!,  en recuerdo de aquellos lejanos tiempos  de cuando hacía piruetas de firú-firú.
   Toño seguía a lo suyo, susurraba palabras a María, le decía, por ejemplo, que si ella quisiera él sería capaz de ascender a los infiernos y arañar todos los cielos.
   Nada, que no se calla el idiota. Te quiere comer la oreja, ¿es que no lo ves niña? —se cabrea el difunto.
   —Suelta la guitarrita ya, me estás poniendo nerviosa.
   Federico la suelta, tamborilea sus dedos sobre la mesa, tiemblan las copas a ritmo de percusión.
   Cuando sirvieron el suflé con el punto ígneo del licor incendiando el merengue, Toño, con voz estudiada ensalzó  lo bien que le sentaba la luz del fuego y con su propia cucharilla le hizo  probar un poco del postre inflado.
   —A ver... abre esa boquita... ¿a qué tiene un equilibrio perfecto entre el calor y el frío? 
   —¡Qué pesao es tu amigo! —masculló Federico.
   Y le decía lo guapa que estaba... y que bien hablaba (cuando hablaba)... y que bien callaba (cuando callaba)... y que bien...
   —¡Será gilipollas!
  —¡Vale ya! —se enfadó María. Su inesperado grito hizo que Federico huyera de su lado y trepara a la lámpara de lágrimas de cristal. Desde allí escuchó como  Toño se excusaba por haberla molestado y a María intentando explicarle que no era a él a quien había gritado.
   —¿Entonces a quién?
   —Pues a... —. ¿Cómo demonios iba a contarle lo del difunto pegado a su vida?
   Desde su incómodo otero, con una de las lágrimas clavada en el trasero, Federico observa a los comensales. 
   En la mesa principal despiden a uno a golpe de placa y discurso, se jubila de la apretada corbata y de la diaria obligación. Se emociona el hombre, no es fácil decir adiós a los nudos de la vida. 
   Un diestro camarero sujeta un plato con la mano plana, el dedo gordo ase el borde sin rozar la comida; un segundo plato reposa en el antebrazo  y aún se atreve con un tercero en la mano izquierda. Federico lanza un ¡Uhhhh! con todas sus fuerzas y el mozo pega tal brinco que los platos caen con estrépito de loza rota alcanzando a manchar la camisa impoluta de Toño. 
   —¡Pero que pedazo de...! — exclama el afectado iracundo mientras intenta limpiarse con la esquina de la servilleta mojada en el vaso de agua; sólo consigue extender más aún la mancha. 
   Entre enfadada y divertida levanta la vista hacia el techo y con un dedo sobre los labios le hace la señal del silencio al travieso fantasma. Federico guiña un ojo y María sonríe.

20 comentarios:

  1. Esto de los muertos empieza a resultar inquietante... Menos mal que en casa no tenemos lámparas de lágrimas de cristal. :))))

    Gran abrazo Isabel.

    PD: Digo yo que si con tanto nombrar-les... no acabará removiéndose alguno en el campo santo... y pase a saludarte... cualquier noche! :))))))))

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    1. :):):)
      En mi casa solo hay lámparas halógenas, se lo pongo muy difícil a mis difuntos para que se cuelguen de ellas.
      Gracias Ernesto, con lo espiritual que parece que eres a juzgar por tus historias nu sé yo si... te hará mucha gracia esta serie.
      Un fuerte abrazo Ernesto.

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    2. Buen día Isabel.

      Si por "espiritual" entiendes "meapilas" que le dan un valor especial a los muertos... ¡va a ser que no querida amiga! :))))) Pero comprendo que algunos de mis escritos puedan parecer otra cosa.

      Tu desenfado a la hora de escribir sobre dicho "protagonista" va parejo al mío al comentarte tu texto.

      De nuevo un gran abrazo Isabel.

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    3. ¡Ay Ernesto!... acabo de leer tu comentario. Tranqui... que he entendido el tono y la simpatía, que además agradezco.
      Sobre lo meapilas... ni lo he pensado, ¿Por qué lo espiritual tiene que ir siempre vinculado a lo teológico?, tus escrito en general a mi sí que me parecen espirituales, la mayor parte de ellos, y además me gustan mucho.
      ¡Venga ese abrazo compañero!

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  2. En el fondo me da penita de Toño, aunque, como dice Federico, sea un pesao. Eso sí. Como María tiene dos dedos de frente, me apuesto lo que quieras a que prefiere al colgado de la lámpara. Espero que tenga diversión para rato y, de paso, que nos divirtamos nosotros, tus incondicionales fans. Por cierto, fantástica la música de Santana,
    Un besazo. Espero que estés disfrutando de la playita

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    1. jejje al colgado de la lámpara dices... ¡qué bueno!
      A mi me da que María tiene muchos pajaritos en... la frente.
      Gracias Anita, muchos besos.

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  3. Cuando leo tus cuentos siento la cercanía de la libertad, una especie de intuición que me conduce a pensar que en literatura no existen limitaciones de espacio ni de tiempo y que todo es posible contarlo.
    Los personajes -todos- bailotean frente a mis ojos y me imagino más detalles de los que se narran; imagino, por ejemplo, que la lámpara de la cual cuelga Federico está girando, que la mesa se mueve y que hasta el suelo, sobre el que ella está apoyada, oscila. Es inevitable, Isabel. Tus relatos siempre me conducen a la fantasía.
    Ariel

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  4. Tú ves, Ariel, lo que yo quiero que veas, (claro que hay que saber verlo):movimiento. Por eso gira la lámpara, oscila el suelo y tiembla la mesa...y además está Carlos Santana contribuyendo con su firú-firú :)
    No, en serio, tienes intuición de buen lector. La autora no ha dicho explícitamente que tenga movimiento el cuento, ha puesto a los actores a trabajar: “un giro-un viraje rápido de solo cinco segundos-una lámpara a la que hay que sujetarse con firmeza-un tamborilear de dedos y temblor de copas con ritmo de percusión...y todo eso, y más, lo has sentido tú y lo traduces como LIBERTAD. ¿Qué más se puede pedir que tener lectores como tú Ariel?
    Te guiño un ojo agradecido y también te sonrío, compañero.

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  5. ¡Me encanta esta serie, querida Isabel! La "relación" María/Federico está súper jugosa y ahora con el agregado de la presencia de Toño, que a pesar de sus zalamerías, queda afuera.
    Excelentes descripciones, las necesarias, que nos ubican en ese restaurante y disfrutamos de las travesuras del finadito colgando de la araña (y con sus partes también colgando al aire... jeje).
    Humor negro del fino, guapa.
    Un gran abrazo.

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    1. El finadito es que es mucho finado :), y encima nos ha salido celoso.
      Gracias Mirella un abrazo talla XXL

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  6. Lo cierto es que la madre aquí no aparece, y la historia discurre por unos derroteros que, amén de la presencia y esencia del muerto Federico y sus travesuras, resultan intrigantes, pues de momento, lo que a mí me parece es que van cogiendo vuelo, no teniendo, nosotros los lectores, nada claro el rumbo. Que engancha está claro, y no solo por la presencia, ya digo, sugerente, del fantasma, sino por la de María, una niña que me cae bastante bien, y sobre la que quiero seguir leyendo cosas.
    Una cosilla, no sé si ya te lo han dicho: por ahí has puesto "ascender a los infiernos", ¿es eso lo que querías poner?
    Otra cosa: me ha encantado ese párrafo de la despedida del jubilado, ¡Eso es arte, quilla! El nudo de la corbata (obligaciones, formalismos, etc) y los nudos de la vida (decisiones, opciones, cruces)
    Y, bueno, también que me parece gran idea lo de los diálogos a dos bandas. Da mucho juego y resulta hilarante, como en los clásicos de enredo, con fantasma incluido. Y tú juegas estupendamente esa carta cruzando las intervenciones de los tres personajes. ¡Chapeau!
    Cómo supongo que darás continuidad a la serie, por lo que te he entendido, pues aquí me quedo, en espera de otra ración.
    Un placer.

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    1. Creo que tendremos a María y sus secuaces para rato :)
      Sobre la frase que me apuntas Isidoro "ascender a los infiernos" la he puesto adrede por varias razones, porque el que habla es Toño, y pretende ser original para impactar a María; para no utilizar una frase trillada; y por parte de la autora que piensa que los cielos y los infiernos no tienen espacio físico, ni arriba, ni abajo.
      Me alegra un montonazo que hayas disfrutado de los diálogos cruzados, me hace muy feliz cuando disfrutais con mis cuentos.
      Hasta pronto colega, un abrazo apretao.

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  7. Qué lastimita nos da Toño, pocas opciones tiene y mira que a la (suegra) si que la tiene de su parte o eso pareció en el primer capítulo. Una serie que se disfruta mucho, Isabel. Y se lee con ganas, muchas de estas.
    Un beso, si haces vacaciones diviértete muchísimo.

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    1. Gracias de nuevo Irene, por tu seguimiento a la serie, me alegra que te guste.
      Y sí, hago algo de vacaciones aunque no he podido salir de la isla por asuntos familiares. Menos mal que tengo la playuqui a mano.
      Besossssssssssssss

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  8. Hola Isabel. Ay esta vez he echado en falta a la madre. Creo que ese trío es genial, aunque aquí aparezca Toño. Sigue haciendo Federico de las suyas, qué personaje. La música al pelo. Me gusta Santana, me trae recuerdos de mi adolescencia, ni decirte el contoneo que me he echado. Esos detallitos de guitarra y aporreo en la mesa mientras les raya el momento a María y a su amigo... ¿Lo del susto del camarero? me ha dejado pillada ¿lo ha escuchado? osti tú que mal rollo, entonces ha descubierto a Federico... Me he quedado con más ganas de historia, tal vez el camarero y el fantasma tenga filin literario... Ahí lo dejo. Un beso compañera.

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    1. A la madre la tengo castigada en la trastienda, a ver si la asomo para que le de el aire en la próxima entrega ;)
      Es bueno Santana, me encanta.
      Pues parece que sí, que el camarero se pegó un buen susto, el pobre... y seguro que una bronca del jefe.
      Acabo de ver que has escrito "Absenta y sabandija", ¡qué título!, desde que pueda voy a por él.
      Muchos besos mi niña.

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  9. Fíjate que a medida que iba leyendo se me ocurrió pensar que si la cosa iba a más entre María y Toño... los seguiría Federico hasta la alcoba? la escena sería simpática de leer, a la vez que complicada de escribir. No obstante yo creo que María a estas alturas está un poco colgada, nunca mejor dicho, del muerto, no se si desde que lo vio sin pantalones o por algún otro de sus encantos. En mitad de un relato de humor te has permitido colar una frase que como a Isidoro me ha llamado la atención, esa de despedirse de los nudos de la vida, que me ha parecido genial.
    Veo que ni María ni su autora se van de vacaciones, así que me da que este verano disfrutaremos de alguna más de sus andanzas. Nos leemos, Isabel!

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    1. No me des ideas no me des idea Jorgito... aunque mira, no estaría nada mal hacer un trío ;)
      A ver si escribo algo serio e hiperrealista para variar...

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  10. Creo que la idea de gente que ve gente muerta está tratada con un humor diáfano que conecta con el lector con mucha facilidad y lo divierte en igual medida.
    No importa que la anécdota haya sido usada miles de veces, si el escritor que ahora la usa es capaz de darle su impronta para que parezca leída por primera vez.
    Es un relato que apela a una diversión limpia, sencilla y por lo tanto, muy efectiva en el plano empático, Isabel.
    Acaba uno sonriendo con alegría.
    Abrazos.

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    1. Gracias Graví, creo que has definido el tono del cuento justamente, y si he logrado hacerte (haceros) haceros sonreir, me alegra mucho.
      Un fuerte abrazo.

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