Páginas vistas en total

viernes, 16 de noviembre de 2018

San Borondón









                                                                               San Borondón


    

   Durante los veranos de mi infancia vivíamos en una casa de amplios ventanales orientados hacia el este. Siempre tenía las persianas levantadas para recibir el amanecer. A menudo me despertaba unos minutos antes de la que la luz inundara mi cuarto dispersando las sombras de la noche. 


   El olor del café y del pan tostado encadenado en mi memoria a la casa de la playa de San Borondón, y sobre todo, a mi padre. Casi siempre desayunábamos juntos, éramos los dos únicos madrugadores en una familia de marmotas. Solía poner a tostar dos largas rebanas de pan “a punto de oro”, las untaba despacio de mantequilla hasta que se derretía impregnando el pan caliente, y luego añadía un poco de mermelada de naranja con su grado justo de amargura y dulzor.


   —Una mezcla perfecta —es lo que me gusta imaginar que diría él.


   —Como la vida —es lo que a mí me hubiera gustado contestar. Sin embargo, en silencio, nos limitábamos a contemplar cómo se levantaba el día.


   Sobre nuestra playa de San Borondón corrían muchas historias, entre otras, que por estas costas encontraron un trozo de madera, y en ella grabado en latín ésta leyenda: Hic Blandanus magnae Abistinentiae... lo que viene a decir,  por aquí anduvo san Borondón, varón de gran abstinencia.


   Un día mi padre me llevó a la iglesia de Santa Ana para que comprobara que la placa existía. Tuvo que pedir permiso al arzobispado, quien accedió con la prohibición expresa de no fotografiar nada. Y ahí estaba la reliquia protegida en un cofre metálico con frontis de cristal; el viejo madero corroído contaba que sí, que san Borondón, o Blandanus, anduvo y estuvo aquí, ahí, allí, y allá (no recuerdo los nombres de los muchos lugares),  y añadía en compañía de san Maclovio, san Malo, y otros monjes. Tuvimos que pasar las páginas que narraban sobre la isla de San Borondón, los procesos de la inquisición contra quienes osaban decir que existía la tal quimera,  algunos navegantes incluso afirmaban haber estado en ella. Leímos con las manos enfundadas en guantes,  con mucho cuidado. A nuestro lado un bedel, o guardián, custodiaba los viejos legajos y nuestra manera de tratarlos.


   Mientras amanecía sobre San Borondón, a mí me parecía ver más allá del arrecife y de la doble silueta refractada de una barca, el perfil del monje subido al lomo de una ballena celebrando misa de Pascua, tal como contaban los viejos libros del museo episcopal: hubo un tiempo en que se extendió la idea de que hacia poniente, no lejos de La Gomera, se alzaba otra isla de contorno triangular a la que muchos llamaron La Inaccesible, La Velada, La Non Trubada, La Encubierta, La de San Borondón. Y también narraban  que se cubría de celajes y encajes de bruma para no ser descubierta, rica sus orillas de púrpuras y sus valles frondosos pletóricos de árboles de frutos maravillosos, tan anchos que ni tres monjes juntos abarcarían sus perímetros.


   —Mira hija —señaló mi padre haciendo desaparecer de mi horizonte al imaginado fraile y a su isla misteriosa. En su lugar los calderones y delfines recortaban saltos sobre el mar en su paso obligado hacia las Azores. Sus ahusados cuerpos brillaban tanto bajo el incipiente sol como si fueran de oro.












25 comentarios:

  1. Queridos compañeros, aquí me tienen de nuevo después de este corto inciso.
    Este fin de semana lo dedicaré a leeros. Prometido.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  2. Hermoso relato Tara. Sin estridencias, sin grandes sucesos, sin final de vértigo. Sencillo y natural "como la vida".
    Bienvenida.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Rosa.
      Tengo alguna duda con los acentos en los "como", mi ogro son los acentos grrrr.
      Besos.

      Eliminar
  3. Me ha sorprendido mucho este relato, gratamente, debo decir. Destila tanta serenidad. Se nota el amor a tus Islas Canarias en esas bellas descripciones. Puedo ver los delfines y calderones que bajo la luz del sol parecen de oro.
    Un beso, Isabel. Es un placer leerte de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué bien Ana! La playita de arena negra se llama de San Borondón, llamada también la de los palos por las corrientes que traía ramas, troncos, y actualmente desperdicios de plástico snif y por desgracia, algún que otro cuerpo de los hombres y mujeres que intentan la travesía en patera desde las costas de África. Las casas estaban en un pequeño acantilado y desde ella aún puede verse los delfines, aunque cada vez menos ¡qué pena! La cara y la cruz de estas maravillosas islas.
      Un beso Anita.

      Eliminar
  4. Qué lindo que es volver a leer tus cosas, Isabel. Las descripciones literarias del paisaje hermosean el relato. Cuando dices "las persianas levantadas para recibir el amanecer" siento que la casa se infla. Fíjate hasta qué punto tu modo de contar despierta mi imaginación. Un abrazo!
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mi lo que me "infla" son tus palabras Ariel ;)
      Un abrazo de los fuertes fuertes.

      Eliminar
  5. Un relato basado en sentimientos de amor hacia la isla y con encantadoras descripciones, incluso del desayuno de los dos madrugadores de la familia.
    Contenta de que vuelvas a publicar, Isabel. Los "como", acentuado y sin acentuar, para mí están perfectos.
    Un abrazote, linda.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Mirella. Contenta de que hayas venido a leerme.

      Eliminar
  6. Un bonito relato Tara. Me alegra leerte de nuevo.Abrazo

    ResponderEliminar
  7. Muy bonito Isabel, transmite serenidad y mucha ternura.
    Me han encantado esos ratos de complicidad compartida, qué bien sabía esa tostada llena de tanto amor. Me gustan estos pedacitos de vida, que se componen de las cosas que realmente importan y que se recuerdan siempre con una sonrisa.
    Besos
    Pd. No puedo decirte sobre esos "como" con acento y sin porque últimamente estoy teniendo una crisis de acentos jajaja, cada vez dudo más. Así que necesito urgentemente visitar algún lugar que me clarifique dudas, si sabes de alguno te lo agradeceré. Feliz domingo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo cotidiano encierra más historias de las que te puedas imaginar... bueno, eso ya lo sabes tú Conxita.
      ¡Uf! con los acentos yo también tengo una guerra.
      Muchas gracias Conxita. Voy a ver que tienes escrito desde que tenga un ratito.

      Eliminar
  8. Hola Isabel! veo que ambos hemos reaparecido de una larga ausencia casi al mismo tiempo, casualidades de la vida. Esto de los blogs es muy gratificante, pero algo agotador y a veces apetece descansar un poco para reaparecer con fuerzas renovadas.
    Me ha encantado tu relato. el principio es un canto a los recuerdos de la infancia, lleno de colores y olores y del apego hacia el padre. Es una parte del relato con la que empatizamos todos, pues ese tipo de sensaciones a todos nos son comunes, pero además está narrado de una manera que parece que se dibujan en la pantalla las descripciones.
    Precioso el diálogo corto, de dos frases nada más, que incluyes al principio, las palabras justas con el toque adecuado para sembrar un sentimiento de nostalgia en los lectores. Esos "me hubiera imaginado" y "me gustaría" le dan una perspectiva íntima y diferente. Resulta curioso comprobar como se consigue ese efecto con un diálogo que calla más de lo que dice, algo que no está al alcance de cualquiera que escriba. Vuelves a mostrarnos la complicidad entre la niña y el padre al final del relato, en la escena en la que ambos contemplan los delfines, y de nuevo el silencio como creador de una escena cómplice y mágica.
    En el medio aludes a la leyenda de San Borondón, de la que algo conocía por la misteriosa isla que aparece y desparece, pero no tan den detalle. Como ya sabes que me gustan la historia y las tradiciones, te imaginarás que ha sido grato leer sobre ello.
    Respecto a los como, en mi humilde opinión deberían ir los 4 sin acento, pues ninguno va en una frase interrogativa, pero no me hagas mucho caso. También se ha colado por ahí un paréntesis sin cerrar que convendría corregir.
    Pues nada, que me alegra leerte de nuevo, a ver si a partir de ahora se repite con más frecuencia. Bicos!

    ResponderEliminar
  9. Hola Jorge. Para mi también es una alegría volverte a leer, acabo de hacerlo con tu "Ave María", y sí, a veces es necesario tomarse un respiro.
    Sobre lo que me comentas sobre el diálogo corto, y que no me "explayo" explicando, a veces creo que "menos es más", sobre todo en relatos cortos donde no podemos permitirnos recrearnos demasiado, y también te confieso que en un relato con cierto corte "intimista" ( el cariño y recuerdo a un padre), siento cierto pudor a ponerme excesivamente sentimental. Me alegra que te hayas fijado especialmente en los diálogos porque son intencionados.
    Paréntesis cerrado, muchas gracias Jorge.
    En una playa o lugar llamado San Borondón, es casi obligado hacer alguna referencia al tal fraile, y a la isla mágica, así que aproveché para amortiguar sentimientos personales por medio de la leyenda y que el relato estuviese equilibrado, eso intenté.
    Bicos y abrígate Jorge :)

    ResponderEliminar
  10. Hola Isabel,... ni te imaginas cómo me gusta esa leyenda. Hace ya algún tiempo hice una pequeña referencia sobre ella en un relato sobre La Gomera,... una isla isla que me fascina.
    https://www.elbailedenorte.com/2014/12/el-mundo-perdido.html
    Pero lo que realmente me ha gustado de tu relato es el recuerdo de esos momentos vividos, esos momentos que como instantáneas se convierten en "memoria".
    Y por último "el tempo", ese discurrir pausado del relato que invita a "paladear" su lectura".
    Me ha encantado!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Norte, mil gracias compañero.
      Mañana le echaré un vistazo a Mundo perdido, ultimamente el tiempo no me da para nada. La Gomera y El Hierro son mis dos islas preferidas.

      Eliminar
  11. Un texto para paladear y dejar que las sensaciones y sentimientos nos calen a quienes disfrutamos de tus relatos. Desde luego, es una isla curiosa.
    En cuanto a los comos y cómos creo que están bien. A veces se nos cuela el acento sobre todo cuando el como no va entre interrogantes, me pasa también con el quién o el quien. En cuanto al como intento dos cosas para asegurarme de su acentuación. Si puede convertirse en pregunta, va con acento. Si puede cambiarse por "de igual manera que" va sin acento. P.e Me gustaba mirar cómo jugaba. (¿Cómo jugaba? Esto queda bien lleva acento;"Me gustaba mirar de igual manera jugaba", esto no queda bien, no lleva acento). Jugaba como un poseso (¿Cómo un poseso? No; "Jugaba de igual manera que un poseso; sí, pues no lleva acento).
    Un truco del almendruco que ayuda bastante.
    ¡Ah! Como (sin acento porque no se transforma en pregunta) no sueles mirar Google + ni FB te informo que el libro del Tintero está a punto de caramelo. Si no hay imprevistos saldrá el 15 de diciembre. Un fuerte abrazo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias David. Sobre tus trucos lo tendré en cuenta para la próxima.
      No tengo FB y no sabía que estaba publicado en Google la antología, además de que soy un desastre y no me entero de nada.
      Me hace mucha ilusión que estemos publicados después del esfuerzo conjunto de todos los compañeros.
      Un fortísimo abrazo David.

      Eliminar
  12. Hola, Isabel.
    Qué alegría volver a leerte. Creo y si no me equivoco esta parada te ha ido muy bien, porque nos has regalado un relato sentido y sereno, para que uno se vaya adentrando en las sensaciones y visualice o hasta olfateé las deliciosas tostadas.
    Yo también cometo muchas erratas, sobre todo con la puntuación que tiendo a la exageración. Así que cuando dudo mucho lo busco, por si te sirve: Cómo se escribe con tilde cuando tiene valor interrogativo o exclamativo, mientras que carece de ella en el resto de los casos. El término como, sin tilde, puede ser un adverbio, «Hazlo como quieras»; una conjunción, «Alberto es tan fuerte como Paco»; y una preposición «Como amigo, no deberías hacer eso».
    Muchos besos, y encantada de que hayas vuelto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Irene, por tu comentario y la ayuda con los "comos". He visto que has escrito, desde que tenga un ratito pallá que voy guapa.

      Eliminar
  13. Excelente relato que nos llega hondo y profundo a los que vivimos a ratos en la Costa (mi favorfita la Costa Chica u Costa Esmeralda de México). Curioso que'l apellido de la Madre de mis Jijos sea MALO, siendo también apellido Canario.
    BESiTOS del Grumete, mi Capitana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Grumete.
      No sabía que Malo era un apellido canario, pero estamos tan mezclados ¡por fortuna! que ya todo vale en el cruce de fronteras.
      Besos de tu capitana.

      Eliminar
  14. Saludos Isabel, es bueno volver a leerte. Me he quedado pensando en ese diálogo de silencios mutado luego en ganas de haber dicho cosas que nunca fueron. Pero a veces se disfruta tanto la compañía que no hay que romper el silencio con alguna trivialidad.
    Te dejo un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Gildardo, tienes que perdonarme (teneis todos), por no asomar la nariz ultimamente por estos lares.
      Gracias por tus palabras y un fuerte abrazo.

      Eliminar